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Es Comellar des Prat

Después del palizón que me dieron los pobleros la semana pasada por el Rafal y pagar la novatada con la regulación de la horquilla, había que desquitarse con una ruta en la que se viera lo que podía dar de sí. Descartado el pateo programado por Pepefz por la carenade la sierra de Alfàbia por parte del grupo, Toys incluidos, el resto nos fuimos al Massanella, que al menos tiene camino. Y sobretodo interesaba el de bajada, el que discurre por el Comellar des Prat, donde cada uno tenía su propia idea de lo que iba a suceder. Pero no adelantemos acontecimientos y empecemos desde la salida.

Lloseta, donde siempre. Había que hacer la presentación oficial de las nuevas bicis, la de Toni XXL y la mía. La de Toni era la añorada, ya que parece que lo normal es estar varios meses en la lista de espera. La mía la descolgué del gancho y me la llevé puesta, como quién dice. Fue más sorpresa por tanto, y la habían podido ver gracias a unas fotos tomadas en la salida del Xaragall la semana anterior. Bien, después de las primeras impresiones, había que probarlas sobre el terreno. Y el terreno consistía en un llaneo por carretera hasta Caimari y doce kilómetros de subida hasta lo alto del Coll de ses Cases de Neu. Hasta Comafreda, soportable. Después, a lo que dé cada uno.

Tras pasar por caja (sabemos que hay que hacerlo y agradecemos que así sea mientras dejen el paso libre), continuamos la ascención hacia las alturas. Pero algo falló. Problema mecánico en la bici de Wiro. El cambio de marchas se dobló y desmontó por completo sin motivo aparente, ya que no hubo ningún golpe previo. Allí le dejamos para que regresara como pudiera al punto de inicio tras tratar de enderezar aquel entuerto, pero la foto es elocuente e ilustrativa; al menos era casi todo cuesta abajo y por carretera.

La subida ya es conocida; hasta el final del bosque es ciclable, después a lo que pueda cada uno. Toni XXL subía a ritmo de grito comanche alabando las propiedades escaladoras de su nueva montura. Yo lo que saqué en claro es que cuesta más empujar que llevarla a hombros. Bien, arriba se iban formando los equipos sin decirlo. Los descender, con su pique particular. Los perseguidores de descender. Los que van entre medias, los que van detrás y los que van rezagados. Me incluyo en este último. Falta de “feeling” y de tacto. Un desastre, en pocas palabras. Pero no me cogió de sorpresa. Me he dado un plazo bastante más amplio para conocer y domar a la máquina y la trialera de bajada no es una de mis preferidas.

La parte de camino que transcurre por el bosque es otra cosa y en ese tipo de terrenos es donde noto más la diferencia; mucho más velocidad y control, aunque me llevé una pequeña decepción en el tramo hacia Tossals. No logré encadenar una buena rodada, por decirlo de alguna manera. Qué diferencia con el día que estrené cubierta trasera, aunque debo decir que fue realizado en sentido contrario y que ayer tenía el cambio un poco desajustado, lo que me causaba mucha desazón. Aunque eso no es excusa para bajar como un novato hacia el refugio. Y delante de toda esa pandilla de guiris que tuvieron que contemplar tan penoso espectáculo.


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