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Aubarca 1

Tomeu se ha pasado la semana pasada rodando antes que nosotros por Aubarca. Añoraba el Parc de Llevant. Llevaba mucho tiempo sin rodar por allí, desde Abril del año pasado, y le entró una morriña que había que desperezarse de encima de alguna manera. De la mejor posible, rodando. Xisco se apunta y propone modificaciones de la ruta. Yo no dije nada porque sería mi primera vez por allí e iba de invitado total. Efectivamente, íba a ser mi primera vez que rodara por esos parajes. Con el grupo que rodaba anteriormente nunca se propuso esta ruta, más que nada por la distancia que se encuentra de Palma, lo que iba a provocar que tardáramos más de la cuenta en regresar. Cosa no del todo cierta por lo que sé ahora pero que no sabíamos en esos tiempos al no tener contacto con otros bikeros que la hubieran realizado. En mi época solitaria me concentré en los parajes más cercanos lógicamente, aunque ya el Parc de Llevant era mucho más conocido en el ámbito de la isla.

Aún así, en las salidas programadas por el grupo por la zona no me apunté, por una causa o por otra, por lo que decidí que esta ocasión no me la podía perder. Y más desde que Xisco había comentado la última que hizo por allí junto a Semi y que al parecer no suscitó excesivo interés entre su grupo, pero que, visto el lugar, recorrido y compañía me hubiera encantado hacerla. Lo que está claro es que no me perderé la próxima.

Pepe estaba a la espera de resolver sus problemas de casquillos. Íban a ir los habituales más ToniXXL, que quiere volver a sudar el maillot; David R., de nuevo en marcha tras superar el trauma de la costilla; también Mecanoid, el fumigador, y Rafel, que no quería verme cerca de él, por si las moscas. Pepe Sancho, con varios pupilos jóvenes y Juan, con bici nueva. Desde luego, el grupo de los llorones parece más homogéneo que nunca. Ante tal éxito de convocatoria se decide retrasar la salida hasta las nueve, pero entre llegar y partir transcurre un buen rato. No conocía el recorrido ni el horario aproximado. Creo que tan solo Pepe, que al final se presentó, y alguno más, habían hecho una ruta tan larga.

Se empieza por la carretera que se dirige hacia la Ermita de Betlem desviándonos hacia el Puig de sa Tudossa, fácil de reconocer por las antenas. Vamos enlazando s'Alquería vella d'Avall y de Dalt y, ya fuera del bosque, las ruinas del antiguo campamento militar. Está flanqueada por numerosas basses y cisternas que marcan los desvíos a tomar. Bassa de s'Alquería como inicio de s'Esquena Llarga; otra cisterna, hoy en día sustituida por un grupo de bidones, señalando el inicio del Camí d'en Mondoi. Yo no las ví, pero según los mapas ahí deben de estar. Y muchas casetes. Es posible que la gran desforestación de la zona tenga algo que ver en ese apartado.

En ese tramo tuve mi primera avería, un pinchazo lento que solucioné cambiando la cámara en el desvío del Camí d'en Mondoi mientras esperábamos a uno de los Sancho que al parecer había perdido una roldana del cambio. Ahí terminó su aventura. La carretera continúa hasta acabar como tal en el Coll Paret, dominando desde las alturas el Caló de Betlem; sigue como sendero hasta la torre de la Talaia Moreia, sobre la mole del Cap Ferrutx, ayer lejos de nuestro itinerario. En ella nos encontramos un pastor en todoterreno que nos pregunta por dónde vamos a ir recomendándonos hacerlo por el camino ancho de s'Esquena Llarga, porque decía que por el otro había unos mulares y no se podía bajar. La verdad es que no lo entendí en ese momento. Para evitar problemas le dimos largas porque no sabíamos exactamente a lo que nos exponíamos. Creo que en ese punto no sé, ni creo que nadie, donde estábamos exactamente, si en una propiedad privada o pública. Aunque casi da igual, visto el recibimiento que nos dieron en Mortitx. No se marchó muy convencido pero se fue, por lo que seguimos nuestro camino.

Esperando al averiado apareció otro numeroso grupo de bikeros, ya bien tullidos, (creo que eran los del grupo del matadero), conocidos de Pepe, que también hacían la misma ruta que nosotros. Ello provocó que el pastor volviera hacia nosotros y me imaginé problemas. Luego, al bajar por la trialera, comprendí la razón. Los mulares eran un grupo de mulos rodeados por una valla electrificada de tal forma que cortaba un tramo del camino y, aunque se podía rodear fácilmente, el hombre quiso ser previsor y se tomó la molestia de bajar para desconectarla y apartarla para que pudiéramos pasar sin desviarnos y de paso, sin destrozarla. Al menos eso fué lo que me dijo. Los mulos los emplean para limpiar el terreno de todo tipo de vegetación de forma natural simplemente desplazando el cercado hacia otro sitio una vez que han acabado con todo lo comestible.

El recorrido de s'Esquena Llarga se dirige hacia el Arenalet des Verger pasando por la caseta des Oguers. Allí también se dirige el camí d'en Mondoi desde el Pla de ses Bitles. La bajada hasta el Pla es una trialera bastante técnica que ayer no domé por completo. Empalmamos con la pista ancha hasta la playa de s'Arenalet des Verger, con refugio incluido, marcada erróneamente en algunos tracks de Pepe como Cala de sa Penya Rotja (lo digo para que no os confundáis por si consultáis esas rutas en su página). Desde esta playa empezamos la variante nueva y más larga de esta ruta: costear hasta Cala Mesquida. Nuestro primer objetivo es la Torre des Matzocs o d'Aubarca. Tomamos el sendero costero. Cruzamos por la arena la Cala de sa Font Salada y continuamos siempre por el roquedal, aunque te vas encontrando diferentes tipos de roca que exigen toda tu atención. Más lisa y desgastada, sin puntas; otra negra con incrustaciones blancas que se rompe con facilidad. Otros tramos de arenisca más agreste, con muchas puntas. Lo raro es que no se produjeran pinchazos o roturas de cubierta allí y sí en otros tramos aparentemente menos complicados.

Al costear tienes que vadear muchas veces los torrentes o torrenteras que desagüan al mar provocando que debas desmontar con frecuencia y ser un continuo sube-baja, pero creo que vale la pena, y más si es como ayer donde el mar se hacía notar (si hubiera hecho más viento hubiéramos quedado empapados de salitre). Ese tipo de terreno tan exigente y poco propicio para la velocidad provocó que los retrasos fueran importantes entre unos y otros. Yo particularmente me lo tomé con calma, en eso tengo mi parte de culpa, aparte de que recibí una llamada telefónica y partí el último.


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