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Caseta de n'Aragó

El otro día, desde lo alto del Pas de na Sabatera, cuando dábamos buena cuenta de los bocadillos unos y barritas otros, pudimos disfrutar de las buenas vistas que el lugar ofrece. Tenemos la possessió de Son Fortuny a nuestros pies, con el camino que se intuye hacia el Coll d'Estellencs que sigue más o menos el trazado de la línea eléctrica. Por ahora es un itinerario conflictivo. Pasé por allí hace ya mucho tiempo viniendo desde Planícia e intentamos salir bordeando la casa pero l'amo nos llamó a gritos para que volviéramos diciéndonos que por donde íbamos no había salida. Nos salieron los perros al paso de muy malas pulgas y según nos explicó era muy peligroso pasar por allí; algún excursionista ya había sido mordido y eso podía provocarle algún problema judicial.

Enfrente vislumbramos los terrenos de Ca Na Pona y más arriba se intuye dentro del bosque, Es Salt. Al fondo, Planícia. Lo que no quedó tan claro fué la ubicación exacta del Pas de sa Rata. Por otra parte queda pendiente un descenso desde el pico del Galatzó, reservado claro está a los más intrépidos. De todas formas, creo que ninguno de nosotros ha subido y puede ser una buena excusa para realizar esa excursión, aunque con un buen sistema de porteo de bicis porque sino puede ser una matada. Tenemos una buena vista de la montaña de s'Esclop, con un pequeño saliente artificial en su cresta. Se trata de los restos de la Caseta de n'Aragó. Este hombre ni siquiera era mallorquín y se trata de una historia muy curiosa, por ello voy a recordarla en estas líneas.

Francesc Aragó nació en el pueblo de l'Estagell (Francia) en el año 1786. Estudió con resultados brillantes en Perpinyan y París. Fruto de ello fué su incorporación al equipo de científicos que realizaba las mediciones del arco de meridiano de París. Se trasladó a este fín a Valencia entre los años 1806 y 1808 en compañía del científico Biot. A principios de 1808 se trasladó a Formentera y poco después llegó a Mallorca. Tenía a su disposición, por decisión del gobierno, un pequeño velero, patroneado por un tal Damiá. Para hacer sus mediciones se instaló en una humilde barraca en lo alto de la Mola de s'Esclop.

El inicio de la guerra le sorprendió en estos menesteres. Debido a su procedencia fué considerado un espía y a finales de mayo de 1808 salió de Palma un pelotón para su captura. Afortunadamente el patró Damià pudo vestirlo a la mallorquina y burlar a los perseguidores, a los que encontró por el camino rumbo a la cumbre. Pudo llegar al puerto de Palma pero no consiguió embarcar y fué confinado en el castillo de Bellver, más por protección que por castigo. Dos meses después consiguió salir del castillo y llegar a Cabrera y desde allí a Algeria.

Su carrera científica continuó con gran éxito. El año 1830 fué nombrado director del Observatorio de París y, posteriormente, secretario perpetuo de la Academia de las Ciencias. Además de una amplia actividad investigadora y de divulgación científica, fue un destacado representante de la ideología liberal progresista y, como tal, llegó a formar parte del Gobierno Revolucionario Provisional de 1848 y fue ministro del Interior y de Marina del Gobierno de la II República Francesa. Murió en París el año 1853.

Él mismo escribió un libro, História de mi juventud, relatando éste y otros episodios.

Lo que es difícil de imaginarse (supongo que por desconocimiento científico) es qué hacía exactamente y en qué condiciones ese hombre allá arriba; no sé si de paso cuidaba las cabras. Supongo que para medir el arco de un meridiano habrá que realizar ciertas mediciones que requieran una plataforma de observación elevada y esa es muy buena. Pero no sé qué relación puede tener que le asignaran un velero y un patrón, pero al fin y a la postre fue lo que le salvó la vida.


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