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Conseguido!!!

Por fin. Llevaba semanas dándole vueltas a unos caminillos por la zona de Alaró. Algunos los veo en el GE, otros en los mapas antiguos, otros en los Alpina, pero así y todo no tenía nada claro. La última vez que fuí, también solo, encontré la bajada del Camí vell d'Alaró a Orient y la de la Galera, pero fué solamente un éxito parcial. Mi idea original era enlazar el Castell d'Alaró con Coanegra por una ruta diferente de la habitual por el Pas de s'Estaló. El primer tramo sería, según el catálogo del Consell, el Camí des Penjats, que une Es Verger con Ca Na Magdalena. Por ahora no se ha intentado, me picaba más la curiosidad de la ruta que pasa por la cima de la Talaia de Cals Reis. La he buscado por la red y no he visto nada, pero tiene que estar. En el Alpina no consta. Sobre los mapas antiguos sí. Y además en su inicio es de carro. O sea que tiene que ser aún visible en algún lugar.

Después de pasar una semana muy atípica con poquísimos correos desde la lista a duras penas me he enterado de los temas importantes. Por eso ayer, después de pasar el día en Sóller con la família, pregunté si había alguna salida prevista (aparte de la de Tomeu, claro). Me contestaron que Genius tenía intención de hacerlo por la zona de Na Burguesa junto con varios amigos. Me supo mal no acompañarlos, seguro que hubiera sido una salida muy divertida, pero el gusanillo de la exploración ha podido más.

Tenía dos opciones: empezar desde Alaró y dirigirme hacia el Pas de s'Escaleta para buscar el desvío hacia el Rafal o empezar desde Coanegra hacia arriba ya que conocía el enlace de lo nuevo con lo conocido. Al final he optado por la primera opción, y a la postre ha sido la acertada, aunque he dejado el coche en Santa María y he empezado el calentamiento por carretera hasta Alaró.

Territorio conocido hasta Ses Artigues y el Pas de s'Escaleta donde me han alcanzado dos parejas de excursionistas a los que no he perdido oportunidad de preguntar pero no sabían más que la ruta clásica. En un momento dado, ya fuera del bosque y el sendero ya más ensanchado, en el preciso momento en que empieza a bajar, veo un camino a mano izquierda. Justo lo que andaba buscando. Me despido y empiezo a subir. El itinerario es claro y el camino, elaborado, hasta conserva algunos escopidors pero lamentablemente ya fuera de todo uso. El exceso de plantas y piedras sueltas dificulta la circulación pero estoy animado porque sé que voy en la dirección correcta. Tampoco es que llegue muy lejos, justo en el límite del encinar, donde se encuentra el rancho de carbonero. Continúa como sendero en línea recta hacia arriba y ya me imagino a alguno bajándolo. He intentado hacer unas fotos pero el teléfono se ha negado en redondo.

Llego arriba y oigo voces tras la pared. Que haya llegado a la pared es buena señal. Calculaba que estaba a mitad de camino aproximadamente. Se trataba de una pareja de excursionistas ya maduros que estaban buscando el camino para subir a la cima. Lo mejor es que ellos sí venían del Rafal y me han mostrado las fitas. Por mi parte, como tenían el coche en Orient, les he recomendado bajar por donde yo había subido.

Tras despedirnos sigo con dificultad las fites sobre el roquedal pero en cuanto ha sido posible me he montado sobre el sillín y he podido disfrutar de un sendero muy divertido. En realidad no se trata de un camino propiamente dicho, creo más bien que es un sendero de cazadores, ya que va enlazando todos los colls de tords de la zona. He salido en un claro del bosque donde se realizan trabajos forestales y hay pistas habilitadas. Al llegar a uno de los campos sembrados lo he atravesado y tras una pequeña subida he desembocado en la pista de acceso de la finca, justo en el coll.

Bien, la primera parte de la exploración había tenido éxito, y eso que era la que menos claro tenía. En la segunda, más estudiada, no debería haber problemas.
Rodeo las casas, atravieso los campos y me dirijo hacia el sendero que se dirige al Pas de s'Estaló. Debo continuarlo hasta que empieza una curva a derechas con un rotlo de sitja de referencia. Exacto, y además hay una gran flecha de piedras en el suelo. Al fondo se ve la primera fita. Todo claro, menos lo que me iba a encontrar, todo claro. Me lanzo para abajo y empiezo a vislumbrar una bajada muy técnica; mucho, pero superable, no por mí, claro, pero superable. Pronto me doy cuenta de que no hay camino propiamente dicho; en realidad es una torrentera. Ahora sé porque no hay ni siquiera pintado un sendero sobre los mapas. Así y todo me dispongo a recorrerlo. Volver a subir se me antoja misión imposible.

Nos podemos encontrar de todo, pero el balance es positivo, siempre y cuando tengamos una máquina y lo que hay que tener para afrontar algunos pasos. Hay zonas escalonadas, otras muy pedregosas, otras camufladas entre el carrizo y algunas losas de infarto. No se trata de un camino de paso, hay que ir a enfrentarse a él y si se supera dejará muchas satisfacciones. Por mi parte sabía que enlazaría con un camino de carro, como así ha sido, pero no por ello ha mejorado. Éste ha prácticamente desaparecido bajo la acción erosiva del agua. Hay zanjas de más de metro de profundidad. Mi gozo en un pozo, (en una zanja mejor dicho) pero ya quedaba poco para el enlace con el Camí de Coanegra y efectivamente está donde pensaba.

He esperado que llegaran los excursionistas que oía desde arriba para charlar un poco más que nada. Son las desventajas de ir solo. Me voy para abajo antes que ellos para que no me molesten (y viceversa) y precisamente tengo que tener la única caída del día. Nada, una tontada, pero con público. Sigo y acabo abajo sin contratiempos mientras empieza a lloviznar. Debo volver a Santa María antes de empaparme pero no lo consigo. Faltan aún unos cuantos kilómetros y empieza a caer agua y granizo con ganas. Pero como no hacía ni pizca de frío no me importa.

Bueno, al menos ahora las zapatillas parecen nuevas.


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