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Ya no hay vuelta atrás

Sin tener aún la patilla nueva de la bici no me atreví a cogerla y tuve que decidirme a sacar la rígida. No es que me hiciera ninguna ilusión pero es lo que hay. Lleva dos cubiertas viejas y gastadas y no me apetece ponérselas nuevas ya que mi hijo no le hace ni puñetero caso, aunque quizás deba hacerlo, visto lo visto. De todas maneras confiaba en que para lo que quería hacer aguantaría, que en estos casos extremos suele ser un Bunyolí o una Burguesa por la carretera. Me decidí por esta última ya que hacía bastante que no íba.

He de reconocer que la subí a plato pequeño, para reservar, cosa que casi nunca hago. Descansito y para arriba, y sobre las primeras piedras empiezo a notar el contacto de la goma sobre la llanta. Llevo poca presión pero como voy subiendo lentito pues lo dejo estar. No pasa mucho tiempo hasta que le meto un poco de aire y mejora, pero al llegar al Coll des Pastor me animo en una cuesta abajo y plaaas, llantazo. Ya empezamos. Repararé a la sombra del pino.

Decir que el día no fue excesivamente caluroso y el pedaleo era relativamente cómodo en ese aspecto, ya que el tener que hacerlo sin calas fue lo que menos me gustó de este tramo. Intenté intercambiar los pedales pero desistí al poco rato. Las shimano con suela dura no se aguantaban quietas ni un momento sobre los pedales. Se nota en demasía la falta de integración con la bici. Fue una lástima el llantazo porque la cámara era nueva pero al sacarla noté algunas cosas para mí muy extrañas. Una es que tenía un pliegue sobre sí misma, como si sobrara. De hecho la medí sobre la otra y es más larga. Además estaba retorcida. La única explicación que le veo es que el tiempo que circulé en vacío produjera ese efecto.

Ya había reparado e hinchado a más presión cuando se acercaron tres bikeros con unas buenas máquinas. Se ofrecieron a ayudar al chico de la bici del Paseo Marítimo. ¡Qué le vamos a hacer! Le salió del alma. Hasta es posible que yo hubiera pensado lo mismo. Lo que me extrañó es que aunque uno de ellos (creo que era el de la Ransom de carbono) llevara el cambio partido no hubieran decidido bajar por la trialera; un poco de leña al mono, por dios.

Yo seguí a lo mío. En ese momento ya me había animado a llegar hasta las antenas, o sea, a rodar. Me tiro para abajo con el recuerdo aciago de la última vez que pasé con la misma bici. Parece que la cubierta aguantará pero los frenos son otro cantar. Hay que ir despacio, trialeando casi, para no pasarse de frenada. Al llegar al desvío de la carena noto el desliz de la rueda trasera. Otra vez sin aire. En esta ocasión parece que se debió al desgaste, literalmente se rajó sola. Demasiado riesgo si continuaba; ya no me quedaban cámaras. Decidí bajar directo a Costa d'en Blanes porque si pinchaba con esta última tendría que haber vuelto a casa caminando. La bajada es una pista pero, aparte de la propia pendiente y las piedras sueltas, no presenta mayores riesgos. En cambio es de las que se hacen muy pocas veces de subida. De hecho yo aún no lo he intentado.

Uno de los peros que me ponía a mí mismo era volver a pedalear sin suspensión trasera no sea cosa que se me resintiera la espalda pero no dió tiempo, a esto no se le puede llamar ruta, fue un simple contacto con las pistas de tierra. Afortunadamente nada pasó excepto el lógico cansancio después de tantos días de inactividad, pero eso sí, muy animado.


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