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Diada

Lunes noche, noche de fiesta. Estoy mirando la lista de correo para saber a qué atenerme. Hay una ruta larga, de ésas de sábado, y yo quiero volver a mediodía, por lo tanto debo descartarla. La otra posibilidad es todo lo contrario: la XX Diada ciclista de Sant Sebastià. Se celebra el día del santo patrón de Palma y está muy concurrida. Creo que solamente la hice una vez con dos niños pequeños y lo bien que te lo pasas a la ida lo padeces en la vuelta ya que en mi caso tuve que atravesar la ciudad para volver y circular en medio del tráfico no me hizo ninguna gracia. O sea, que no volví. Además, es un trayecto muy corto, apto para niños, está claro, pero es como darle una chupada a un caramelo.

En esas estaba cuando Bonus me interroga acerca de mis intenciones. Como son coincidentes, quedamos. Y ya me ves dando vueltas por el carril bici. Al final resultó que esperábamos cada uno en un sitio diferente y casi estuvimos a punto de ir cada uno por su lado, pero no, nos encontramos y partimos. A esa hora ya había bastante gente a pesar del viento frío. Nos fuimos hacia Génova a coger el pistorro del Camí de Bendinat o Mamut. Juan decía que lo subió el domingo de un tirón. Yo creo que desde el día de la enduro no había vuelto pero tenía buenas sensaciones al empezar. Y se corroboraron a medida que íbamos subiendo. Había cambiado la cubierta trasera y me daba muy buen rollo. Encadenaba tramos sin dificultad mientras Juan iba a trancas y barrancas. Así fuimos subiendo entre pedaleos, charlas y camineos.

Tampoco bajamos la trialera de la enduro. Dice que está muy mal. Al final tendré que ir solo a ver cómo está. Al Mirador de n'Alzamora. La bajada es solo pista pero pone en marcha el REC y paso delante a todo lo que puedo. La rueda delantera dirige y la de atrás le sigue. Voy bien. Sigue grabando por la parte llana y en la pequeña subida hacia el desvío del mirador voy detrás y como quería chupar cámara le adelanto. Tenía más o menos clara la bajada del sendero y la paso con mucha convicción. Después de las eses disfruté como nadie. No vi ninguna piedra por allí. Y la cubierta de atrás seguía sorprendiéndome gratamente.

Ya en la carretera dudamos si bajar por el circuito de descenso o por las dresseres del asfalto. Como había llovido la noche anterior muy probablemente el circuito estaría como la semana pasada y tendría que bajar algunos tramos andando así que optamos por atajar por la carretera. Son muy divertidos y en un momento estás abajo. Por cierto, me tuve que parar en una de esas a fotografiar una cosa que me llamó la atención. Al final nos metimos por el torrente casi sin querer y aunque corría el agua pudimos recorrerlo sin dar un solo patinazo.

Resumiendo: rutilla sin aspiraciones, durilla al principio, pero de buenos efectos dopaminizantes. A repetir.


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