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De torradas y demás

Nueva cita en la casita de Fibras con la excusa de una salida en bici. La ruta siempre es la misma, Pollensa-Lluc, con alguna pequeña variante en su parte final. El año pasado fue el paso por la ermita de Son Amer y el sendero de la zona dels Pixarells, aunque no lo hicieron todos. Este año ha sido más clásico, carretera vella de Lluc, Coll Pelat. Son Amer y vuelta por el campo de fútbol.

Antes de llegar al Pi de Son Grúa ya habíamos tenido las dos averías principales de la jornada, rotura de cadena y patilla, en bicis diferentes. Sin mayores problemas los mecánicos lo solventaron en pocos minutos, aunque para quitar la patilla se necesitan al menos dos herramientas al mismo tiempo para aflojar el tornillo que la sujeta. Al llegar a s'Empeltada nos dimos cuenta de que la barrera estaba abierta y todo el mundo quiso subir por el tramo de camino en discordia y al llegar al desvío del GR opté por no ir por allí, por varias razones. Es más exigente físicamente y consideré que era un gasto de energía innecesario; anteriormente siempre había optado por esa opción y esta vez quería subir más cómodo por el camino y de paso volver a verlo ya que hacía muchísimos años que no pasaba por allí. En un principio nadie se apuntó y seguí solo aunque después Chus me comentó que él y Juan sí habían subido también.

Me llevé una sorpresa viendo cómo estaba de bien. Preciosa. Te permite una subida a ritmo constante ya que es de pendiente muy suave. Lo que no tenía tan claro era su longitud, veintitrés curvas hasta la barrera de Muntanya. Lo que es seguro es que se hacen más kilómetros que yendo por el bosque. Seguí a ritmo sin parar y sin coger atajos que me obligaran a desmontar, aunque cerca del cruce de las casas de Muntanya tuve que poner plato pequeño para ir regulando y no forzar más de la cuenta. Aún más arriba me pasó Pepefz y no lo vi llegar por el retrovisor, me cogió de sorpresa.

Pasé la barrera de Binifaldó ya con la certeza de que no podía tirar tanto por la pista como otras veces y seguí a ritmo para asegurar. En la fuente solamente estaba Pepe o sea que todos los demás iban por detrás. Aún subiendo a ritmo cansino y recorrer más distancia es casi seguro que llegas antes. Perdigón renunció a seguir más allá y se quedó a esperarnos por la zona. Los demás, más o menos refrescados en el aujub, seguimos el periplo hacia el Coll Pelat. A mí me costaba afrontar las cuestas, no me sobraba nada. No me comí el bocata cuando tuve ocasión y acabé con hambre pero tampoco hubiera variado mucho la situación; tendría que haber llevado barritas. La trialera desde Binifaldó hasta el Coll Pelat con mucho tráfico no se agradece. O taponas o te taponan. Pista para arriba, paseo por la moleta y salto de valla incluido para protegernos antes de empezar el descenso hacia la ermita y la carretera. En el segundo tramo de esta bajada han construido unos desaguadores (fila de piedras más elevada que el resto para desviar hacia un lado el agua que corre hacia abajo) muy altos y con los filos muy agudos donde había que estar atento con la velocidad que llevabas para no reventar las cámaras. Albert no lo calculó bien y cascó una. Tras reparar bajamos a reencontrarnos con el grupo que nos esperaba en la carretera.

Subimos al refugio de Son Amer y bajamos por el camino empedrado hacia Lluc. Quería probar bien el nuevo manillar pero además de manillar hay que cambiar otros aspectos me parece a mí. Sin ni siquiera entrar en Lluc (eso no va para los empanados) nos fuimos directos al campo de fútbol y vuelta hacia arriba. Me parece que allí eché el resto porque la continuación por asfalto hacia Binifaldó fue patética por lo que decidí salir antes que los demás y al menos no me tendrían que esperar tanto tiempo abajo. Pepe no obstante salió antes que yo.

Me encontré a Perdigón dormitando en la barrera de Binifaldó adonde llegué a base de un gran esfuerzo, y eso que es casi plano, por no decir cuesta abajo. A partir de allí seguro que es cuesta abajo. Él se quedaba a esperar al resto y yo salgo. Ya me extrañaba no ver a nadie por detrás. Bajé y me hice todos los atajos, algunos más complicados que otros, más que nada por las curvas. La rueda de delante con un poco menos de presión que la que llevaba al principio y el rebote de la suspensión más lento iba mucho mejor encaminada por el terreno. Llego al último tramo de GR y aún no aparece nadie por detrás con lo que afronto la bajada sin trazador delante. A mí me gustó. Pude ver algún recto entre las curvas pero los dos últimos, que eran de los que tenía recuerdo, si que los hice. Entre en el asfalto y me pasé el último desvío (me dí cuenta al ver el cemento) y ya no volví atrás.

Allí estaba Pepe esperando y aún tardaron unos minutos en ir llegando todos. El que faltaba era Carlos que había pinchado justo arriba del último tramo. Le esperamos unos cuantos mientras los demás iban a comenzar la segunda parte de la diada, la torrada. Fui incapaz de seguir el ritmo en el asfalto y llegué el último a la casita, donde ya Carlos había tomado las riendas de la barbacoa y andaba dando un recital de torrada de costilleja y xua. Los demás a picar e hidratarnos aunque agua vi bien poca.

Se acercaron Xisco y Monic, cosa que también va siendo habitual, y con carne para veinticinco en la mesa nos sentamos catorce a su alrededor. Por supuesto sobró de todo y quién quiso se llevó aunque por la hora en que se fueron los últimos bien podrían haber dejado un poco para empezar la cena.

La sobremesa fue larga y distendida. Tenía previsto irme antes de las cinco y media pero se me fue el santo al cielo y ya nada me impedía prolongarla unas horas más.
Hubo un momento álgido no programado que fue cuando Yarik sacó de la mochila la célebre y famosa báscula de los chinos de Wiro, reconocida en todos los foros mtbeteros, y pesamos todas las bicis. Solamente decir que hubo sorpresas, casi siempre desfavorables para el propietario por supuesto, en forma de gramos, y hasta kilos de más.

La mía, por poner un ejemplo, de marcar doce novecientos sobre el papel, se me ha ido a catorce trescientos solamente cambiando las cubiertas; lo cierto es que creía que sería un poco menos. También es cierto que no la pesé cuando la compré. Tampoco es que importe mucho.

Lo dicho, ruta de cinco donde puede afirmarse que lo que se hace sobre la bicicleta es solo el aperitivo.


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