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La Fita y aledaños

Se me había ocurrido unir algunos itinerarios ya conocidos de la Fita del Ram para tratar de conformar una ruta que pudiera llamarse como tal y de paso investigar algunos otros. Para ello nos hemos visto unos cuantos en Esporles para empezar a subir a la ermita por terreno conocido, pero no por ello más asequible, nuestro nivel físico no nos permite heroicidades. Y así, aunque el tramo cementado no es muy largo siempre hay que sufrir bastante para superarlo. Todo lo contrario a los que nos venían siguiendo porque estando como estaba en el mirador esperando a que llegaran los demás he visto que pasaban tres bikeros por la barrera de abajo y sin embargo nos han pillado en el cruce del cristo. Cuando han pasado no me he fijado pero después, mientras estábamos charlando con ellos en la ermita, he podido ver que tipo de máquinas llevaban y el nivel de entrenamiento del que hacían gala.

Arriba ha habido la primera constatación de lo mal que anda Juan, ha tardado mucho más de lo que le es habitual y se nota muy débil. En cambio la bici de Carlos iba bastante bien con la cadena nueva. Hoy no íbamos a hacer la bajada del pozo, al menos entera, el tema era otro, por lo que hemos vuelto a bajar unos metros por la pista principal de la ermita hasta encontrar el desvío a mano izquierda y tomar un sendero muy cuco que nos vuelve a dejar un poco más abajo del pozo, como he podido comprobar subiendo unos metros por el camino ancho. Ahora, prestando atención en la bajada a los desvíos a la derecha que por lo que veía, una alta pared rocosa, tendría que estar mucho más abajo. Y efectivamente es así. Después de reconocer el desvío del cristo he seguido bajando para memorizar correctamente el empalme con el principal que no tenía nada claro y que está a solo unos metros. Volviendo arriba seguimos subiendo para encontrar la bajada hacia el área recreativa que nos ha costado algunas idas y venidas por no mirar donde hay que mirar ya que se encuentra señalizado debidamente.

Se trata de una bajada muy interesante, sin complicaciones, pero que nos permite ampliar las posibilidades de recorrido por la zona, que era la idea principal de la salida de ayer. La parte baja, ya fuera del bosque de encinas, la han reconvertido en un circuito de descenso donde van a practicar los esporlerins. Llegados a las mesas aprovechamos para merendar con calma; ahí ya veía peligrar la integridad de la ruta, nos quedaba aún más por delante y peor que lo que llevábamos hecho hasta el momento y no veía los ánimos muy altos.

Cuando conseguimos partir nos dirigimos hacia la fuente. Tengo una duda con esa fuente. Según el letrero de la consellería de la entrada al recinto se trata de la Font de Dalt, en cambio algunos mapas la sitúan en la parte baja de las casas de Son Tríes, cerca de un safareig, desaguando justo en la primera curva de la carretera del Verger desde donde sale un camino empedrado. Yo esa la tenía catalogada como la Font de Baix, de ahí mis dudas.

Sea como sea que se llame nos dirigimos por el sendero hacia la otra fuente, Font de sa Turbina dicen que se llama, (¿será porque unía sus aguas con otras cercanas para mantener en movimiento la turbina Pelton que instalaron más abajo, junto al torrente, hace ya muchos años, tantos que ya ni existe?) que es conceptualmente muy parecida a la anterior, con mina, paredes laterales, conjunto de mesa y cuatro taburetes de piedra y rodeado de grandes árboles que la guarnecen, donde por supuesto hubo sesión fotográfica incluida. Según mis mapas se trata de la Font des Rafal y así se hará constar.

A partir de este punto íbamos a ir averiguando el recorrido aunque la tendencia siempre es hacia arriba, a circular pegados al linde del bosque. Para ello nos quedan algunos tramos de pista bastante empinados donde, aparte de unas potentes pedaladas, me faltaba bastante tracción en el tren trasero. Había algunos trabajadores arando la zona con el tractor pero que directamente pasaron de nosotros, creo que ni nos miraron. En algún momento la pista pierde definición y nos despistó un poco hasta que nos volvimos a ubicar circulando muy cerca de la pared que limita el bosque con la zona cultivada. Pasamos por delante del portillo por el cual salimos hace dos semanas y nos quedaba encontrar el siguiente, el del Pas de Son Vic que, aunque visualmente no lo tenía retratado, esperaba que no me causara ningún contratiempo encontrarlo.

Apareció uno y lo que vimos al otro lado no nos convenció. Habíamos hecho el recorrido en sentido inverso varias veces y no nos cuadraba pero así y todo decidimos continuar para averiguar lo que nos deparaba ese tramo aún cuando las quejas empezaban a aflorar de manera tímida pero insistentes. La subida me gustó mucho, algunos tramos alternos que logré encadenar hasta arriba donde casi me duermo esperando a los compañeros. Se habían quedado a enderezar la patilla del cambio, y de paso urdir el motín que harían efectivo justo en la pared con rejilla y sin paso que nos encontramos un poco más adelante. Juan no quería arriesgarse a tener que avanzar mucho más sin camino concreto y tener una vuelta penosa dadas las condiciones en que se encontraba. Carlos tampoco quería alargarla mucho más y ambos volvieron sobre sus pasos bajando a la carretera por la pista. Yo tenía decidido continuar, las cosas iban saliendo bien y quería aprovecharlo hasta el final, hacerlo solo no me preocupaba mucho.

Como suele pasar en las fincas las pistas no suelen llegar hasta las paredes de linde para continuar por el otro lado (aunque algunas sí), acaban donde tienen que acabar de acuerdo con los intereses de cada propietario y en este caso era así. Lo único que tuve que hacer fue caminar un poco hasta encontrar otra pista al otro lado que me condujo en bajada fuera del bosque. Lo primero que me topé fue una gran casa derruida en un claro donde tuve algún despiste hasta que enfilé la dirección correcta, en este caso siempre hacia arriba, tanto ahí como en la fuente. La pista de ascenso es dura, fuera y dentro del bosque, pero con una forma física aceptable se suben bastantes tramos ya que alterna cuestas empinadas con zonas más descansadas. La parte final es la más dura ya que el terreno está un poco más roto y dificulta aún más el rodar. Espectacular el último tramo que aunque se le llame Pas de Son Noguera el camino mantiene su anchura hasta lo alto de las peñas.

Me tomé lo que me quedaba de alimento y con las protecciones puestas enfilé hacia la ermita directamente y el Comellar de ses Puces después, no tenía tiempo para más. Supongo que sin perder tanto tiempo en búsquedas o fotos se puede estar arriba mucho más temprano y se podrá alargar la ruta con otros recorridos. El resultado: la Ruta 41.
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