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La restauración

El otro día, en un arranque de paroxismo, me dio por desmontar la bici vieja y dejarla en cuadro (nunca mejor dicho). Estaba dispuesto a deshacerme de ella y darle vuelo, harto ya de verla quise desquitarme pero afortunadamente al contemplarla ahí, desnuda, esperando la última decisión me retracté de mis abyectas intenciones. Me la imaginé restaurada y pintada de azul eléctrico con piezas nuevas, y decidí darle una segunda oportunidad aunque sé que quizás no lo haga nunca, es mucho trabajo, me faltan herramientas específicas para realizar tal faena y algunas nociones sobre los pasos a seguir aunque todo eso es fácilmente solucionable, lo más complicado es reunir las ganas necesarias para hacerlo. No es que sea un vago rematado pero tampoco es que sea una pasión, es mucho más la idea que me seduce que no la acción de ponerla en práctica.

Es una constante humana aferrarse emocionalmente a ciertos objetos con los que se ha compartido tiempo, con los que han vivido con nosotros. Estos últimos tiempos, arrastrados por la necesidad, han empezado a circular bicicletas que no podrían catalogarse más que de verdaderos cacharros que vete a saber tú de qué oscuro rincón de qué garaje habrán salido y que ahora transportan a toda clase de personajes a cuál más variado. Allí estaban, oxidándose, esperando que surgiera la necesidad porque ni para pasear las sacaban.

Hay cierta polémica, he puesto cierta pero que cada uno ponga el adjetivo que quiera, mucha, bastante, alguna, gran, lo que quiera, sobre la actuación del ayuntamiento respecto a la supresión del carril bici de las Avenidas y, a simple vista, ya se ve una gran diferencia entre los demás carriles y ése, los otros tienen un carril de aparcamiento entre los ciclistas y la circulación rodada y ése no, es lo primero que pensé cuando lo vi por primera vez y reconozco que no es problema para gente acostumbrada a circular en bici pero para niños o gente con menos reflejos puede ser un grave y peligroso inconveniente. También he de reconocer que he ido muy pocas veces y la mayoría en domingo tras alguna salida con la calles prácticamente desiertas por lo que no puedo opinar con cierta solvencia. El que no he visto aún es el nuevo pero sabiendo por dónde va tampoco es que vaya a haber mucha diferencia. De todas maneras lo pongas dónde lo pongas nunca va a haber acuerdo unánime sobre su trazado, a día de hoy querer compaginar circulación rodada y bicicletas en armonía y total seguridad parece una utopía.

No sé si es que no nos acabamos de creer que hace falta un cambio profundo de mentalidad para afrontar las consecuencias de los problemas que hemos ido creando a lo largo de nuestra historia y es que hemos llegado a un punto en que, para nuestra propia comodidad, confiamos ciegamente en que la misma tecnología que nos ha llevado a esta situación y que seguro empeorará nos librará de todos nuestros problemas antes del pedo final. Lo cierto y claro es que la infraestructura era necesaria para comenzar ese cambio y más el invento de las bicis de alquiler porque resuelve para mí el principal inconveniente de este medio de transporte, que es tener donde meterla, ocupa mucho espacio, pesa mucho y es poco manejable cuando no va rodando, yo mismo por ejemplo, tendría un problema grave si no tuviera terraza en casa y no digamos si tienes que subirla escaleras arriba varias plantas.

Me acuerdo de que utilizaba la primera bici que tuve para ir y volver del trabajo a la hora de comer y los días de calor acababas empapado y eso que solamente recorría un kilómetro escaso. Quizás tampoco íbamos como toca, queríamos llegar rápido a casa y forzábamos pero lo cierto es que solamente salir a la calle en estas fechas ya te bulle la cabeza, quizás la opción de bici para todo en un contexto meramente urbano no llegue a cuajar nunca en esta ciudad pero hay que conservar y seguir ampliando el servicio de renta porque la mejor forma de convicción es el ejemplo y dar a la vez un poco de manga ancha a los usuarios en cuanto a las normas de circulación para llegar a asimilar que el uso de estas máquinas es mucho más ventajoso que usar un automóvil, ahora bien querer catalogarlas como vehículo, con sus impuestos, sus seguros, las mismas normas de circulación que los coches, etc. no hace más que disuadir al usuario de su utilización.

Y es que en ciudad podríamos cambiar el eslogan por este otro:

Somos ciclistas, no infractores.


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