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Valió la pena

Hace ya unas semanas me invitaron a participar el domingo pasado a un evento bikero por la zona de Llucmajor, buena compañía, ruta tranquila a la medida, sin prisas ni agobios, un plan tentador, pero no pude asistir, y la verdad es que no me quedó un buen sabor de boca, menos mal que otro amigo de las dos ruedas, un tal Kiko, se encargó de rescatarme del marasmo al requerirme una serie de cuestiones sobre unos itinerarios de una zona cercana, según él, “le habían calentado” sobre el tema la semana anterior y había decidido no esperar más, iría aunque para ello tuviera que arrastrar al resto de camada.

La pega es que, al ser una ruta nueva, le era desconocida y la información que había podido sonsacar de fuentes varias no la había podido hilvanar correctamente, por eso me llamó pidiéndome consejo. Resulta que justamente me había paseado por allí varias veces en los últimos meses y lo tenía fresco pero aún así me sentía incapaz de darle unas explicaciones mínimamente precisas sobre el plan a seguir así que opté por ofrecerme a acompañarles y liberarles de la farragosa tarea de seguir una traza en las pantallas. Ése era el argumento oficial pero la verdad es que había pasado ya mucho tiempo desde la última salida conjunta y le tenía ya ganas. Afortunadamente el sentimiento es recíproco y no hubo ninguna pega al respecto.

Ellos eran los Morci-bikers, el grupo casi al completo con las últimas incorporaciones y podría observar de primera mano aquello que se puede intuir, o imaginarse en muchos casos, leyendo unas crónicas o viendo unos videos.

Salimos temprano de sitio con bastante puntualidad, nos vamos a acercar a la zona de es Verger por Son Malferit, cosa poco habitual en el grupo según me comentaron con bastante sorpresa por mi parte ya que tengo ese itinerario como una vía de escape natural de la ciudad hacia esa zona. Claro, eso te dirige directamente al coll de s'heura y su continuación lógica hacia las alturas son las rampas del Gravet, cementadas para dar seguridad suficiente a los vehículos a motor que suben a las ermitas.

Ese rodaje anterior te proporciona el calentamiento suficiente como para querer afrontar esas pendientes con algo de garantías, y me fue bien. Después, estando parados en el reagrupamiento y haciendo varias fotos de grupo en el mirador, nos pasaron varios ciclistas de los Tira tira que subieron después de nosotros.

Como la ruta es muy corta había pensado en hacer alguna bajada hasta el camino principal para ir abriendo boca y añadir otros ingredientes al guiso. Según mi propio esquema hicimos la bajada tres y ya desde el principio vimos que se encontraba señalizada con banderines de cinta, seguramente para alguna carrera a pie por la zona. Kiko lo corroboró al quedarse rezagado y partir por donde no era, menos mal que no le entraron las prisas porque si no hubiera llegado hasta abajo antes de que pudiera encontrarlo. Esa bajada, sin ser especialmente complicada, empieza a mostrar algunas dudas entre varios integrantes al no poder negociar con precisión algunas de las curvas, por lo demás, pan comido.

Volvemos arriba a la explanada y aunque ando en el apremio de continuar hasta el geodésico y merendar allí no se me hace caso y quien más quién menos hinca el diente a algún alimento como si de una etapa del tour se tratara. Una vez saciados proseguimos itinerario en lo que va a ser una nueva experiencia para ellos, hacer el camino de la ermita cuesta arriba. No hay sangre y llegamos enteros hasta la base de la montaña, solo nos queda el tramo de pateo que hacemos no de muy mala gana, al menos no oí improperio alguno.

Momento relax en el culmen de la jornada, más picada y preparación con toda clase de artilugios de protección para el largo descenso. Desde luego no hubiera falta ni guía ni GPS para tamaña hazaña, estaba todo marcado, casi habíamos calcado el itinerario de la carrera, menos mal que no coincidimos en el día. Como ya se ha comentado, la bajada tiene de todo porque son varias enlazadas pero no abundan las piedras, terreno de tierra pisado, revirado y no exento de ciertas dosis de buena técnica para superarlo con nota.

No sales del bosque en todo el recorrido, la última parte, el pas de Son Poquet en su tramo inicial hizo las delicias de los más hábiles a los que dimos paso en cuanto se percataron del percal. Después debieron volar por las marjades (eso no lo vi) y tuvieron algunos deslices en la zona de carritxeras, más divertidos que otra cosa; yo también tuve mi momento, le debí dar a alguna piedra justo antes de llegar a la barrera y rajé la cámara. Cambiada y a seguir.

En la salida al camino principal hubo algún conato de continuar ruta hacia otros lugares pero la sola idea de tener que volver a subir las rampas los contuvo aunque alguna duda quedó rondando en la cabeza de alguno que seguro aprovecharé en otra ocasión. La mayoría impuso la decisión y volvimos a sitio por donde habíamos venido, una opción nada habitual en ese grupo, cosa que siempre me había parecido bastante rara, la verdad. Carretera, solo en caso de necesidad absoluta.

Después, a digerir despacito todo lo vivido ayudados por la ingesta de unas claras y unas olivas con hueso. Dani se encargó de la dolorosa parte final del día pero con el buen cuerpo de haber hecho una buena e inesperada ruta, sin quererlo ése fue mi regalo de cumpleaños.


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