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Pedaleando que es gerundio

El sábado era el día D, tan solo unas jornadas después de la carrera de Lloret se celebraba otra en Cala Falcó que parece ser que se ha convertido en un clásico en el mundillo, las 4 horas. Hasta yo he participado en una ocasión, estuvo bien, acabamos todos, pero no he querido repetir, si el objetivo es hacer el número máximo de vueltas en un tiempo determinado mejorar solamente una implica un sobreesfuerzo importante durante toda la carrera para el que hay que estar preparado de antemano y si no lo estás no vale la pena ni siquiera intentarlo.

Aún así, y como tampoco tenía un plan preestablecido mejor, me dejé engatusar por la labia de Emilio que me prometió que haría un buen papel en su primera participación y decidí acercarme hasta allí a ver la carrera. Como preveía que estaría bastante tiempo parado salí en bici desde casa directo por el paseo marítimo para enlazar después con el paseo Calvià que te deja prácticamente delante.

El caso es que llegué y ya vi pasar todo el grueso del pelotón por arriba en su primera vuelta y saludé a unos cuantos mientras iban pasando. Me quedé un rato por allí merodeando y con los oídos atentos a una conversación entre un paisano y un policía sobre los permisos necesarios y concedidos para celebrar una prueba de esas características, según él en sus terrenos sin haber otorgado ningún permiso a nadie para su celebración y con las subsiguientes molestias causadas, cintas sin retirar, basura abandonada, etc. Algo de razón debía tener si luego esos polícias se personaron abajo para hablar con los responsables de la organización pero de ahí no pasó la cosa.

Como no había mucho más que ver por allí me fuí detrás del pelotón hacia abajo aunque en un momento dado debieron girar en algún cruce y yo tiré directo hacia la playa. Solo me encontré a uno que subía empujando la bici con la llanta en el suelo en busca de soporte técnico según me dijo.

Yo llegué a la playa y me dirigí a la zona de boxes donde estuve hasta que me marché que fueron un par de horas largas, suficientes para charlar con los colegas que por allí merodeaban, algunos en la carpa de Emilio, que tuvo su curro, no estuvieron parados, cadenas, cubiertas rajadas, etc., a todo ello se le dió salida. También estaba Xisco de MtbMallorca que me puso al día de sus próximos proyectos, y también a muchos de los presentes. Charlar y comer algo era prácticamente lo único que podíamos hacer los allí congregados ya que la visión de la carrera es prácticamente nula, allí y en cualquier parte del circuito excepto en algún punto en concreto, dicen que hay un salto por allí, yo no lo he visto.

Así que a las tres horas me dí el piro, tenía que volver a la ciudad y si me enredaba por algún motivo tardaría al menos un par de horas. Y sí, algo me enredé, arriba me encontré con algún conocido y charlamos un rato; ya justo salir quise bajar a Magaluf por un atajo del bosque y no fui capaz de encontrarlo, volví a salir por donde había entrado y al final bajé por el asfalto. Después me entretuve por el puerto de Palma a echarle un par de fotos a la mole que estaba allí atracada, un barco de cruceros sueco que ocupaba todo lo largo del muelle de dos estaciones marítimas, menudo bicho.

La verdad es que la falta de tensión como espectador producida por la carrera en sí misma, la pobre información de la organización sobre la marcha de la misma, el poco público asistente que descontando a los acompañantes de los participantes es prácticamente nulo y mi propia ruta del día, que fue casi una comparsa, no me dieron el tono necesario para redactar una crónica en condiciones, algo que merezca la pena leer, de ahí que la tenga que acabar una semana después, tanto es así que lo que únicamente pretenden estas líneas es que sean un simple recordatorio de lo acontecido de un anodino sábado, ciclísticamente hablando.


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