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Empate

Lo dije y tenía que hacerlo, hay que ir a cubrir una zona desierta de pasadas en Puigpunyent, no del todo pero sí muy poco frecuentada, tampoco es que me inspire mucho optimismo la actuación ya que preveo un resultado más bien pobre en cuanto a itinerarios válidos pero no por eso lo voy a dejar pasar. No sé si mis compañeros comparten esta opinión o vienen a ciegas pero en todo caso se presentan, que ya es mucho, y montadas las bicis en el portabicis nos largamos hacia el punto de partida.

Desde el mismo inicio no vamos a tardar ni unos minutos en tener que meter la reductora para empezar a subir las primeras rampas, llevaba yo un croquis de lo que tendría que ser nuestra ruta teórica y claro, faltaban muchos detalles que a la hora de la verdad han sido determinantes. No ha sido más que empezar y tener ya las primeras dudas de cuál era el desvío correcto y tomamos el de los buzones y no llegamos muy lejos porque directamente termina y punto, solamente una continuación más o menos clara por el interior del bosque nos da esperanzas de que estamos sobre la dirección correcta aunque ya para mis adentros lo veía totalmente desencaminado, y más lo corroboraba a medida que avanzábamos por lo que parecía ser un sendero pisado entre los matorrales de carrizo y toda clase de matas y plantas con púas, un completo abandono, y a pesar de ello no retrocedimos y fuimos a parar a otro vial semiabandonado y sin construcciones poco antes de llegar a su final donde parece que también continúa un sendero que seguimos hasta una paret de partió donde muere, otro descarte, y ya van dos a las primeras de cambio.

Esta parte de las exploraciones son las más desagradecidas por su pérdida de tiempo y nulos resultados y también las que muchos no están dispuestos a tragar aunque casi es tan importante saber por dónde tienes que ir como dónde no hay que ir. Damos media vuelta y recorremos el vial en bajada no sin antes meternos en un desvío de las mismas características, con el final en una rotonda y una continuación a través del bosque aunque esta vez en bajada, vayamos a ver hasta donde nos conduce y casi nos metemos en el porche de una casa sin aparentes señales de vida. El vial por donde habíamos subido estaba enfrente pero no quisimos atravesar la propiedad así que volvimos atrás y rodamos hasta el cruce de la carretera principal donde comprobamos que estamos a 50 metros de donde nos hemos desviado, vale, borrón y cuenta nueva, sigamos hasta el siguiente desvío que tiene que ser el buscado.

Lo primero que notamos es que está mucho más empinado y hay que meter todo lo que llevamos para superar el escollo. Nos pasa un vecino con un carricoche y se para cerca, momento que aprovecho para preguntar sobre el vial y me responde que no tiene salida, que para llegar a Galilea debemos continuar por la ramal principal, bueno, tampoco me esperaba otra respuesta y decidimos seguir para ratificar o no esas afirmaciones pero efectivamente tenía razón el hombre ya que tras la última casa acaba el asfalto aunque, típico, continúa un camino de carro cerrado con una barrera, eso sí, y decidimos no seguir e ir a ver otros que Jose sí conocía bajando otra vez a la carretera de la reserva y continuando hasta el inicio de ese desvío donde aprovechamos para recargar algo de energía antes de empezar el ascenso y diré que me sorprendió gratamente ese ascenso, nada más en su parte final me obligó a descabalgar antes de llegar a una especie de cantera con algunas construcciones en desuso, al menos empezamos bien.

No tardamos en enlazar el ramal asfaltado y acabar en una rotonda desde donde continúa en dirección a Galilea pero también vemos algo que nos llama la atención y nos lo apuntamos para la vuelta o para investigar más a fondo en otra ocasión. No hay problema en seguir el itinerario y es todo rodable, o sea que nos permite disfrutar a tope de nuestro deporte y más si el lugar se presta a ello, me gustó mucho. Llegamos a otro vial asfaltado en medio de algún lugar porque la verdad, había estado desorientado toda la mañana, a grandes rasgos sabíamos que Galilea estaba a nuestra izquierda y el Ratxo a la derecha y poco más, de hecho al fondo se vislumbraba la continuación hacia las alturas pero no teníamos tiempo para más, la mañana se había alargado más de la cuenta y había hora fija de vuelta así que giramos 180 grados y emprendimos el regreso.

Buen tramo de bajada nos esperaba hasta la rotonda donde nos metimos por donde habíamos avistado antes y llegamos a los pocos minutos donde ya habíamos estado pero esta vez nos salió a saludar un perro-toro y su amo detrás increpándonos nuestro atrevimiento por asaltar su propiedad. La cosa no llegó a mayores y tuvimos una extensa charla sobre temas varios relacionados con las propiedades, excursionismo y la práctica de deportes al aire libre, también nos pidió que no divulgáramos la traza ya que la zona es privada y no teníamos su permiso y no lo vamos a hacer, por supuesto, y aunque lo hiciera dudo mucho que alguien quisiera seguirla y si lo hiciera muy contento no quedaría, de todas maneras, repito que el motivo único y principal es que nos pidieron no hacerlo y lo cumpliremos.

Después de la conversación no nos queda más que volver rápidamente a nuestro punto de partida para empaquetar las bicis y regresar a la ciudad, con bastante mono de pedaleo, todo hay que decirlo, por eso el domingo tuve que salir a completar la ruta, al menos en lo que a kilómetros se refiere, no volví a Puigpunyent, me conformé en salir a rodar por Na Burguesa subiendo por el restaurante para llegar al coll des Pastors para ir a buscar los atajos de la carretera (todos, lo digo por el bikero que me encontré por allí y me vio dudar en uno de ellos) y de vuelta a casa en un par y pico de horas y calmar así las ansias de pedaleo que no quedaron colmadas del todo el sábado, ahí ya me di por satisfecho.


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