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Prueba inversa (+18)

Vaya ruta de mierda la del sábado y eso que de pretensiones, pocas. Salimos solamente dos un poco más tarde de lo recomendable sobre todo si el compañero ya te marca el punto final sin opciones de modificación. No me quise complicar y tiramos recto hacia Bunyolí, miento, recto no, pero es que al estar de cháchara a veces me despisto y tiro por donde no es, así pues enderezamos rumbo y listo.

Todo parece estar como siempre a excepción de un letrero que han puesto en las casas (ver foto) del que no tenía noticia y que relacioné inmediatamente con el otro que lleva ya unas semanas colgado junto a la barrera aunque con dudas más que fundadas sobre su significado real. Al llegar al puentecillo vimos un montón de neumáticos apilados totalmente fuera de lugar, por ahí pueden venir los tiros, aunque queda todo por confirmar.

Empezamos la subida de forma totalmente dispar con el compañero quedándose a las primeras de cambio y me intereso por el desarrollo que ha puesto desde el inicio, lleva plato pequeño y la verdad, por muy petado que estés, es innecesario pero él insiste en que le resulta imprescindible y yo en lo contrario por lo que me decido a comprobarlo, cámbiame la bici, tengo que verlo, y rediez, tiene razón, estoy en una postura casi antinatural para una subida, culo muy atrás y muy tumbado sobre el manillar, en esas condiciones no es de extrañar que tuviera que poner pie a tierra en la primera rampita que encontré, incomodidad total, y no tuvo nada que ver que no fuéramos calados ninguno de los dos por mor de los pedales, el punto clave es la posición. En cambio él estaba feliz, comodidad absoluta, notando como la fuerza que realizas con las piernas se traduce en desplazamiento y sin tener que forzar el hombro lesionado que viene arrastrando desde hace meses.

Se me fue de la vista y me iba esperando, yo quería ir a su lado para ver precisamente cómo es una ascensión cómoda, verla desde fuera me refiero, quería oír la opinión de alguien neutral, sin ningún compromiso por en medio, como ver los toros desde el otro lado de la barrera. Lo cierto es que yo debía ir a plato mediano y a ritmo vivo para poder seguirle (recordemos que había puesto plato pequeño nada más empezar) y así fue en toda la ascensión que además se me complicó por las malas sensaciones del tren trasero fruto de un pinchazo por lo que los últimos metros tuve que hacerlos andando.

Había dos compañeros más en la cadena de charla esperando no sabíamos qué, después nos contaron que se había perdido otro miembro del grupo que incomprensiblemente había tirado hacia abajo cuando la ruta suya era hacia arriba y al que tuvieron que ir a buscar y rescatar de alguna situación embarazosa, el tema es que se les pasó el arroz entre una cosa y otra y volvieron por donde habían venido. No creáis que nuestra situación era mejor, resulta que con toda la palabrería a pleno desarrollo nos equivocamos de cámara y volvimos a poner la pinchada y como tiene que ser para redondear el asunto, nos dimos cuenta al volver a arrancar. Hubiéramos ido rápidos si la cámara buena no hubiera sido defectuosa (para fotos estaba yo), solamente se hinchaba en una zona concreta, el resto ni se enteraba, hubo que apretar con todas nuestras fuerzas para que el aire rellenara el resto de tubo, y así, entre una cosa y otra nos dieron las uvas.

Decidimos seguir con la prueba de las bicis ahora por asfalto y más de lo mismo, yo voy buscando acomodo sobre el sillín intentando encontrar una postura decente y se me hace difícil acrecentado además por el enfriamiento muscular tras el largo parón y es por lo que decidimos bajar directos al llegar a Sobremunt, el llegará temprano y a mí me faltaría algo de tiempo si me empeñara en hacer la ruta que tenía pensada por lo que tiramos por asfalto rumbo a Son Poquet y para no ser todo tan monótono me desvío para ir a tomar el único tramo que conozco del antiguo camino del Verger y Sobremunt y nada más empezar tenemos un pequeño escalón donde paramos a hacer unas poses con las dos bicis de las que sí quedó testimonio gráfico. Todo eso estuvo muy bien pero aún no habíamos empezado la bajada la cual consta de un primer tramo que te acerca otra vez al vial asfaltado y donde tienen puesto una especie de esclusa de postes seguramente para que no puedan pasar motos (o eso creo), lo cierto es que después de pasar por el interior noto cierto olor a excremento, a deposición, a mierda, vamos, pero no hago mucho caso, a medida que me vaya alejando irá disminuyendo pienso yo, pero que va, como que viene conmigo bien pegada a la rueda, y menudo pegote llevo y de tal tamaño que me ha pringado buena parte de los tirantes y la cubierta, que asco, por dios, y ahora con el palito a limpiar lo que se pueda y a restregar la rueda por la gravilla para despegar lo más grande, con el rollo de la cámara no habíamos merendado y se me acababan de quitar las ganas de hacerlo pese a tener el estómago vacío.

Con un medio apaño reparador nos fuimos de allí para meternos en Son Malferit aún con las bicis intercambiadas, el paso por el camino no fue de lo más acogedor, volví a sentir esos traqueteos a los que casi me había acostumbrado y la sola visión de las piedras en el suelo hacía que rodara con mucho tiento pero no fue hasta llegar a Sarrià donde pusimos fin a la prueba y cada uno se aprestó a continuar con su propia montura y como era pronto nos fuimos a dar una vuelta por Son Mayol más que nada por curiosidad, por ver cómo siguen las obras del puentecillo y solo puedo decir que están en ello, dos peanas de hormigón y dos chapas de hierro de un buen grosor clavadas en lo alto, vamos, que eso en tres días está hecho y llevamos ya un buen puñado de meses con el asunto, digo yo que estarían pendientes del proyecto y sus necesarios informes ambientales y demás, tiene que ser eso, es que no le veo otra explicación.


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