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Puntas y cuevas

Han pasado 7 días desde la anterior salida multitudinaria y vamos a repetir la experiencia por la misma zona, el Llevant, y casi con la misma gente, al menos los más habituales sí asistirán, esta vez saliendo desde Son Carrió, bastante más al norte, para recorrer el tramo comprendido entre la Punta de n’Amer y Portocristo. Son Carrió no es un lugar de paso para los que no somos habituales de la comarca, preferimos carreteras más amplias y rápidas, por eso hay que mirar bien el mapa para ver por donde tirar para llegar lo más directo posible. Aparcamos frente al polideportivo y una vez reunidos todos podemos empezar a rodar, nuestro objetivo es la vía verde, el antiguo trazado ferroviario el cual se empezó a acondicionar de nuevo para su uso primigenio pero que la debacle económica pasada obligó a replantear la estrategia y finalmente abortar, el cambio a vía peatonal fue una consecuencia casi lógica para aprovechar lo que se pudiera y si acaso obtener alguna renta.

Yo no había circulado nunca por allí y por ahora solamente ha sido un tramo corto, el resto es idéntico variando únicamente el entorno aunque no descarto realizarlo completo en alguna ocasión. Nosotros la abandonamos en cuanto llegamos a la intersección de la carretera que se dirige a Cala Millor yendo a buscar algunos caminos que nos lleven hasta Son Servera pero sin llegar al núcleo urbano, pasaremos por detrás del parc verd rodeando Na Penyal por las amplias pistas, esta vez no hemos subido a la cima ni olido los senderos de bajada desde arriba que parece que tienen buena pinta, será en otra ocasión.

Al llegar a la carretera y reagruparnos tiramos recto al mar por el cami de Son Moro y estamos ya enfrente de la punta de n’Amer y vamos directos hacia el Castell teniendo mesas y sillas de sobra para recuperar fuerzas y entablar alguna tertulia. Tras el descanso reemprendemos marcha hacia sa Coma y s’Illot tomando en lo posible el carril bici, un poco estrecho para nuestros manillares, prácticamente lo ocupas por completo, y no es hasta llegar a cala Morlanda cuando podemos empezar a tocar tierra y el resultado siempre es muy bueno, rodar por esos terrenos colindantes al mar siempre me complace y lo saboreo con gusto porque son muy divertidos y exigentes a la par, tanto física como técnicamente, no son caminos propiamente dichos si no solo sendas marcadas sobre las rocas o entre la vegetación y a veces, entre manillares y pedales y nosotros mismos cuesta pasar con dignidad.

Corta parada para ver el rincón de Cala Petita y otra más prolongada en la cova del Dimoni donde todos quisieron meterse, el paso de entrada no es complicado pero si muy estrecho y tras echar una ojeada por el hueco decidí quedarme fuera, que corra el aire, tomando un poco el sol sobre las rocas a la espera de que salieran y metiéndome en el buche todo lo que me quedaba de sustento.

La bocana de la entrada al puerto parecía lejana pero te encuentras la zona urbanizada de Portocristo antes de lo que te esperas y además el parón para la visita de la cueva me adormeció un poco por lo que no disfruté lo que debiera de ese tramo, un non-stop desde s’Illot me hubiera convencido más. Después de dejar atrás el núcleo urbano iniciamos la vuelta al pueblo de salida por caminos vecinales tocando la menor carretera posible.

En resumen, una buena vuelta sin incidentes a reseñar, viendo y aprendiendo cosas y lugares nuevos y disfrutando del entorno y la compañía haciendo lo que nos gusta y complace, puestos a pedir poco más se podría desear, bueno sí, que se repita en la próxima. O no?


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