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Castell de Bellver

El domingo había que rodar un poco por la mañana y para ello me levanté temprano pero sin plan previo. O sea que, después de la preparación pertinente, salí sin rumbo fijo. Al darme cuenta de que no había ni dios por la calle, ni a pie ni montados, decidí darme un garbeo por la ciudad bastante relajado. Me dirigí a la Plaza de España por el Parc de ses Estacions y después por los Geranios y calle San Miguel. Bajé unas cuantas escaleras hasta Vía Roma. Después atravesé la plaza Weyler (perdón, creo que ahora se llama del Mercat) y subí hasta Cort por las escaleras. Después deambulé por el casco viejo hasta la Seu y bajé hasta Ses Voltes. Entonces me entró la venada de practicar saltitos y giros, levantando la rueda de atrás al mismo tiempo que la desplazas a un lado (el típico botet, en una palabra), y vaya cómo mejora el giro aún haciéndolo en marcha, no de parado. Todo esto aprovechando que, aparte de los paseantes de perros y claveleras, poca gente más había por allí. Se adjunta panorámica del lugar de marras donde estuve haciendo el gamba.

Me dí una vuelta por el Parc de la Mar y me fuí a rutear por el carril-bici. Qué delicia, vacío. Las bicis de verano ya vuelven a estar colgadas del gancho y los patines guardados en su estuche y dejan el sitio libre para los globeros de pro. Tuve que atravesar el vado del torrente, frente al Capuccino, con bastante agua pero solo es agua. Entonces pensé que porqué no subía al Castell de Bellver por la calle Polvorí. Que gran ruta ésta. La de todos los domingos cuando aún no me atrevía siquiera a subir a Na Burguesa. Precisamente el castillo ha sido noticia de primera página hace poco, y no por unos temas muy agradables que digamos.

Esta calle es la que da en la entrada del parque infantil del castillo. Desde allí sube una camino asfaltado pero hay unos senderos para caminantes. Ésos son los que subí. En la explanada del aparcamiento no ví a nadie ni tampoco ninguna señal de prohibición de circular en bicicleta pero estaba seguro de que tenía que estar en algún lado; desde luego en la entrada por la que había accedido no. Me fui por el sendero tranquilo, tranquilo, pero al llegar adonde había unos aparatos de gimnasia (en plan cutre, a base de troncos) me tiré por la trialera. Joder, está muy bien; y no soy el único que fué por allí. Cuando llegas abajo giro a la derecha para afrontar la ancha cuesta. Quería comprobar si la subiría o no. Podría mentir y decir que la hice entera, pero no. Dí un patinazo y me paré. Eso sí, me pareció de lo más normal. Al otro lado tenemos una ancha pista que llega prácticamente abajo. Solamente al final hay que remontar un poco por el senderillo pero es muy divertida. En el inicio de este tramo a partir de la carretera es donde se encuentra la señal de prohibición de circulación total. Al parecer no soy el único al que le parece mal que no se pueda circular por allí. Quizás no por el mismo sitio que los viandantes pero sí se podría hacer un circuito de mtb. Creo que podría conseguirse que hubiera más afición a este deporte si existiera. Al menos a mí me sirvió de mucho antes de empezar a “atacar” mayores cotas, o sea, Na Burguesa, ya que es lo suficientemente bajo como para poder realizar diversos bucles sin reventarte en las subidas. Claro que la contrapartida es que las bajadas también son cortisímas, pero para gente muy joven o ya más mayores sería una buena opción.

Ya hay algunos ejemplos: Bilbao o Madrid. Todo es ponerse.


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