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Trialera Albert

En el primer día del año decido salir a quitarme las legañas por ahí. Hubiera podido acompañar a ToniXXL y Joan Botets pero hacían una ruta muy larga; nada menos que el Coll des Jou, Barranc de Biniaraix y el Racó d'en Barona, aunque su idea inicial era bajar por el Portell de sa Costa. No podía pasar todo el día fuera, por eso no me presenté. Una de las cercanas ya estaría bien. Como no quería poner el despertador no quedé con nadie y partí sin rumbo fijo a eso de las nueve y media. En principio quería dirigirme hacia Na Burguesa pero en la rotonda del CIR cambié de opinión y ascendí al Coll de sa Creu por la carretera. El último kilómetro (del cinco al seis) lo hice por la trialera, que parece mucho más corta que el asfalto. Después, como no me apetecía subir el cemento, opté por llegar hasta el mirador. El caminito que lleva hasta allí es completamente ciclable a pesar de las últimas cuestas, aunque ayer no las hice seguidas. No estaba para florituras. Lo que sí quería ver era la trialera donde Albert se pegó el piño; alguien la ha bautizado con ese nombre. Tal trialera es un pequeño descenso sin mucha complicación pero que nunca había realizado. Casi siempre lo pasamos al revés.

El primer tramo es muy fácil. Hasta Potato se dió cuenta. El segundo es una bajadita sobre roca y ahí me encogí. La bajé andando. Abajo me giré y me dije que eso había que bajarlo como fuera. Desde luego de abajo se ve todo mucho más fácil. Lo intento y nada. Me intento convencer y nada. Pero no cejo. Creo que lo bajé al noveno intento; luego me volví arriba del todo y lo bajé todo entero. Misión cumplida. Dado el nivel de adrenalina en sangre de esos momentos creo que fue todo un logro. Emprendo la subida y me vuelvo a cruzar con la pareja que había visto al principio, junto al Coll des Vent. No paro hasta el Coll des Pastor donde me paré para decidir la siguiente fase de la ruta. Me tiraba llegar hasta la torre de las antenas con su correspondiente trialera pero no la vuelta desde Palmanova por el paseo. La que tenía más cerca era la trialera de Bendinat, la de la enduro, y hacia allí me dirijo. No sé si fueron imaginaciones mías pero su tramo inicial me pareció mucho más limpio. El segundo tramo hasta la zona repoblada muy bonita y rápida, pero atento a algún pedruscón que te deje sin rueda trasera.

Cuando llegué a las revueltas no fuí capaz de tirarme por la rampota y eso que ya hay una zanja de dos palmos, pero creo que ya no falta mucho para vencerla. Quedan unos tramos muy técnicos que pasé bastante bien, hasta pedaleando, por lo que tuve que poner pie a tierra en solo un par de ocasiones, hasta que oí el catacrok. Miro la rueda trasera y veo el cambio doblado y enganchado en los radios. “Se jodió”, pensé. Intentaba ponerlo a sitio hasta que me dí cuenta de que se había soltado la rueda y el disco tampoco estaba entre las pastillas. Tuve que meter los pistones y encajó todo en su sitio pero no frenaba con potencia. No llegué a recuperar el ritmo pues ya faltaba poco para llegar al desvío de Génova. Me refiero al senderillo que sale a mano izquierda justo en la curva después de la última bajada más estropeada, justo donde está el pino cruzado. Los primeros doscientos metros van bordeando la ladera y tendremos que ir andando y con cuidado; después ya se desvía hacia Génova y no tiene mucha dificultad, pero hacerlo sin poner pie a tierra es un pequeño reto a conseguir. Acaba en una rampa de subida donde es ya una pista que desemboca en la calle 374 de dicha barriada. Después volver a Palma ya es cosa de niños.

Cuando pasé por delante del ONO Estadi vi un reloj de una farmacia que marcaba las tres de la tarde. “Menuda pájara llevo”, pensé. Al llegar a casa ví que no era tan tarde pero sí la una pasadas con lo que se puede asegurar que fue una salida de lo más gay. Aún así, las sensaciones bajando por la trialera fueron bastante buenas. Un día de estos me cronometro...


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