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Misa a las doce

Podría parecer que el domingo intentamos emular a los ruteros del sábado. Nada más lejos de la realidad, simple coincidencia. Cuando hablé con Xavi el sábado me propuso hacer un recorrido empezando desde el Estret y a mí me pareció perfecto. Hablamos de subir a la Mola de Son Pacs y acabar en Esporles pero tiene poca bajada trialera ya que una gran parte de ella es por asfalto y la descartamos. En cambio en la zona costera tenía aún pendiente el itinerario de Sa Font Figuera, y era muy probable que nos diera tiempo de encontrarlo aunque dado que se haría en último lugar, era dudoso.

Tras informar a la peña de nuestras intenciones algunos se apuntaron en firme, como Buzz, y otros, ya se vería. Xavi dijo que vendrían también algunos amigos suyos. Llegué bastante temprano al Estret con tiempo para cambiarme y hacer algún amago de calentamiento. El tiempo era frío y los pocos kilómetros de carretera que íbamos a hacer al principio no calientan lo suficiente. Buzz llegó y tras él, Jose. Nos informó de que venían dos más rodando desde Palma o casi, Pedro y Guillem. A éste y a Jose los había conocido en la salida de los camins de metre. A Pedro era la primera vez que lo veía. Xavi ya me había enviado un mensaje descolgándose de la salida.

Les comenté pues la idea de ruta que tenía y les pareció bien, más que nada porque no conocían la mayoría de los tramos. En principio volveríamos al GR de la Comuna de Valldemossa, donde nos pilló el aguacero la vez anterior pero la subida la realizariámos por el Camí des Bosc des Frares, un senderillo empedrado que sube empinado entre algunas casas de la ladera. Después, al entrar en el bosque, llanea hasta llegar a la zona de Sa Baduia donde se nos advierte que entramos en terrenos privados (vaya novedad!), por eso los primeros metros, salto de valla incluído, los hicimos en silencio para intentar no ser advertidos desde las casas. De todas maneras las duras rampas no dejan mucho resquicio para la cháchara.

Pasamos el forn de calç y quedaba lo peor. Casi hasta arriba del todo. Después solo queda el salto de la pared para rutear un poco por el bosque por un bonito sendero. Tuve un pequeño despiste al llegar al cruce ya que me fuí para abajo pero enseguida me dí cuenta de que había que subir si queríamos bajar por la trialera. Pedro me había dicho que le gustaba más bajar que subir o sea que había que contentarle. Y empieza a llover. Otra vez. Sin miedo para abajo aunque con algunas zonas aún insalvables y más si se entra con el pie cambiado, pero lo que si intento es no bajarme nunca de la bici, y casi lo consigo. Debo decir que no pude testear bien el cambio de disco ya que en mojado tenía las pastillas cantarinas.

En Valldemossa nos deja Pedro y el resto decidimos que podemos continuar y nos vamos hacia la ermita de Trinitat por asfalto. Al llegar venía detrás de nosotros un cochazo conducido por una señora que nos comentó que le vino justo, justo pasar. Con ella venían algunos mayores. Tras una pequeña charla entre ellos uno empezó a mirar las bicis de una en una muy detenidamente y se acercó a charlar con nosotros. Había nacido en el Rafal, en unas casas de posesión que se tiraron para construir la vía de cintura, donde sus padres ejercían de payeses y en sus años mozos bajaba a Palma desde Sa Cabaneta con una bici tuneada por un corredor profesional en el taller de Minaco. Tenía dos platos (hasta sabía los desarrollos, 44-40) y un freno de palanca de pie, igual que el de las motos. Esa bici ya no la tiene pero nos contó que guarda una de un tío suyo, una Schwinn, comprada en 1910 y que aún conserva las cubiertas originales?????? Tras repasar los detalles técnicos de ambas y anécdotas varias se despidió que tenía misa a las doce.

Nosotros continuamos nuestro periplo por el bosque hasta las Ermites velles y darnos un gustazo bajando por el bosque con un pequeño alto en el Mirador o Capella del Puig del Verger para continuar hasta el Mirador des Tudons. Hasta aquí iba todo bien, por lo que al tiempo se refería. Pero todo cambió en cuestión de minutos y empezó un aguacero-granizada justo al llegar a la carretera que pa qué. Aprovechamos un pequeño parón para salir directos a los coches, pero había que llegar, cruzar y salir de Valldemossa; tiempo y distancia suficientes para llegar completamente empapados y fríos pero contentos a la vez. Aunque no pasó ni un minuto para convertirse en cabreo. Me habían abierto el coche y se habían llevado mis zapatillas. El resto, papeles y algunos cacharros del trabajo, seguían allí. Menos mal. Después he sabido que no fuí el único al que se lo forzaron. A Tomeu el sábado también. Y hoy alguien me ha comentado el mismo caso entre un grupo de excursionistas, pero no me ha dicho el lugar.

Aparte de este suceso, hicimos una buena ruta, sin agobios, buen ambiente con gente nueva y con buenas dosis de sudor y lágrimas, aunque fueran de aguanieve.


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