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Ses Tres Creus

La salida “oficial” del sábado se me presentaba dudosa, y no solamente por la previsión meteorológica que era pésima. El itinerario previsto, “para ir a ver la nieve”, no me convencía demasiado y prefería aprovechar el día para hacer algo de lo pendiente. Además, si lo pasaba a domingo, iba a tener compañía, o sea, que traslado la salida de día y quedo con algunos amigos para realizarla. Asimismo se apuntan unos cuantos que se quedaron con las ganas de salir el sábado y juntos formamos un buen grupo y además se añaden otros que han salido con Xavi en algunas nocturnas.

Había hecho una traza de una ruta que, más que optimista, era utópica. Pero lo que me interesaba que conocieran era la bajada de un nuevo camí de metre que había encontrado hace unos meses. Lo demás iría por añadidura, y más sabiendo que algunos tenían que regresar muy temprano. Íbamos a salir a las ocho treinta y yo iría con Juan pero la cosa empezó un poco torcida. Me levanté tarde y llegamos tarde. Aún así nos quedamos esperando a Potato, que finalmente no se presentó y eso que no tronaba. La previsión del tiempo nos dejaba unas horas libres de lluvia, al menos hasta las dos, y había que aprovecharlas.

Sin más dilación que un pequeño retardo para coger agua emprendemos el ascenso por nuestro querido y bien transitado camí de metre. Hubiera preferido no empezar tan frío pero era mejor acortar un poco de carretera al final. Esa subida es preciosa y más larga de lo que pensaba, pues le comenté a Tomeu que encontraríamos el desvío a un kilómetro o kilómetro y medio como mucho, y en realidad está a casi tres y medio. Cosas de no llevar aparatos de medición.

Por una u otra razón siempre salgo de los últimos e iba encontrándome a gente por el camino. Tomeu pinchó (sabía de una ocasión pero fueron dos). Pronto ya no sabía quién estaba delante y quién atrás. Iba concentrado en encontrar el desvío y acabé el primero junto al pino caído. Cuando lo encontré los esperé allí. Hay dos flechas medio desdibujadas en una piedra y algún hito cerca. El pino atravesado ha sido troceado, y supongo que todos los demás también.

Pertrechos colocados y hacia abajo. Seguimos los hitos y lo que no eran hitos para encontrar el camino poco después, pero sin pasar por el rotlo de sitja, punto y final de ese itinerario. Iba mirando en las curvas a ver si veía marcado el sendero que se dirige al Pujol d'en Banya por el Pas des Pí. No ví marca ni señal alguna y tampoco era cuestión de irse a investigar yendo en grupo. Lo dejaré para otra salida en solitario más adelante. A toro pasado he podido ver y confirmar con el track exacto de la bajada que lo que me contaron es correcto.

La bajada no tiene tramos técnicos pero su mantenimiento deja bastante que desear. En algunos sitios hay excesivas piedras sueltas, en otros rocas desprendidas desde las paredes laterales y ahora también se suman árboles atravesados que han sucumbido durante las últimas tormentas; todo ello no ayuda a dejarnos coger un buen ritmo de bajada, interrumpido con frecuencia por esos contratiempos mencionados. He de reconocer que no fué mi mejor día bajando, lento y torpón, mientras el grupo se iba reencontrando y separando como si fuera un acordeón. Una vez por la tija pija de Wiro, que no pilla bien el sillín (también pijo) y que he tenido el gusto de probar. Para subir o llanear no digo que no vaya bien (el sillín), pero para bajar es un poco estresante tener una cosa con punta que te ronda el trasero.

También pinchó pero la reparación fué bastante cómoda ya que solamente se trató de dar vueltas a la rueda esperando que el sellante interno haga su efecto. Lo hizo y pudimos continuar sin emplear las herramientas. En ésas estábamos los tres últimos cuando oímos un grito muy fuerte. Nos dió tiempo a girarnos y ver a Wiro volar marge abajo y rodar por el suelo. ¡Dios, qué vuelo!. Solamente esperaba que no se hubiera golpeado con alguna roca. Por suerte el lugar de aterrizaje era bastante mullido y al llegar a su lado tenía buena cara dentro de lo cabe. He visto a otros por menos quedarse blancos como la leche y temblar sin control. Tras unos minutos de recuperación pudo volver a montarse y acabar bastante bien la bajada. La bicicleta no sufrió ningún daño, quedó tendida en el camino como si nada fuera con ella.

Al cruzar la barrera de Se Rote empezó a lloviznar y la gente empezó a irse hacia arriba. Era muy pronto y algunos querían seguir. Que sí, que no, que nos faltará el tiempo, que me empieza a doler la rodilla, que si patatín, que si patatán,... al final todos para arriba. Ni Wiro ni yo estábamos muy convencidos de darla por finalizada y cuando bajó Xavi quejándose de que no le avisáramos les propuse darnos un garbeo por Ses Tres Creus y hacia allá nos fuimos.

Hacía muchísimos años que no había subido y no tiene ningún misterio ya que hay una carretera asfaltada que te acerca hasta allí. Vimos el final del Camí de sa Serra y desde luego conviene hacerlo en seco. Llegamos al monumento y subimos arriba, aunque el único que bajó montado las escalinatas fué Xavi. No me apercibí de lo que cuentan estos periódicos, debía ser la escalinata trasera, donde están los grafitis y la basura. Si lo miras de frente está impecable. Lo que sí coincide todo el mundo es que es uno de los mejores miradores sobre el pueblo. La verdad es que sí.

Vimos un caminillo por detrás y lo seguimos, atravesando una barrera. Después continuaba hacia arriba, cementado, ya dentro de un olivar. No muy lejos, en el porxo, había gente. Nos vieron y vino uno de ellos hacia nosotros con los perros. No hubo amenazas ni gritos ni nada por el estilo. Nos comentó los pormenores que nos interesaban de ese lugar, si se podía subir, si se podía bajar, y hacia donde. No faltó alguna que otra anécdota excursionista y nos despedimos encaminándonos hacia donde nos señalaba.

Fue una grata sorpresa. Un sendero empedrado y escalonado, estrecho y revirado, que nos sacó los colores en más de un tramo. Al menos los cincuenta escalones del final los bajamos. Salimos cerca de Can Gomila y aprovechamos para ir a echar un vistazo a la Font de s'Olla. Cuando íbamos junto a la acequia no nos imaginábamos lo que nos íbamos a encontrar al final. Allí es donde hice las fotos con el móvil. He tenido que retocarlas un poco para dejarlas medio decentes. Creo que no todo el caudal era de la misma fuente, hay varias en ese lado de torrente, lo que sí se ha hecho es canalizar ese volumen de agua hasta el nuevo depósito del puerto y así poder aprovecharlo. El aprovechamiento del agua dice mucho de la historia de un lugar y en Sóller hay magníficos ejemplos.

Ya solamente nos quedaba subir por carretera hasta los coches, ocho kilómetros en total, que con compañía saben mejor. Mis dos compañeros no están tan acostumbrados a tanto asfalto en pendiente y lo notaron más. La verdad es que a mí se me hace corto.

En definitiva, una salida dominical un poco atípica, por el horario, por el recorrido, pero que nos llevó a disfrutar, o padecer, según sea el caso, de un nuevo camino e intuir las nuevas posibilidades que nos puede reportar.


2 comentarios :

Yarik dijo...

Esplendida ruta y mejor descripcion aún, leyendo da la impresion de estar ahi...

wiro dijo...

Si es que el día que no me pase nada será raro. Me encantó la ruta a pesar de los accidentes.

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