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El día después

Después de unos días de relax tocaba dar pedales otra vez aunque estaba algo fastidiado físicamente, supongo que rinitis, mucha moquera y algunos estornudos, por eso no dije ni que sí ni que no, ya vería, de hecho y como viene siendo habitual en casos como éstos, ni siquiera puse el despertador, el mecánico me refiero, porque el biológico me despierta cada día más temprano.

Me he levantado a las ocho y tenía el tiempo muy justo para llegar de hora al punto de reunión, tanto que he llegado a las nueve y cuarto y ya no había nadie. El único que sabía seguro que estaba era Potato ya que he visto el coche. Suponía que Román también estaría por ser el más interesado y algún otro que se habría apuntado sin comentar nada. Así que he seguido hacia Bunyolí con la esperanza de que hubieran salido un poco tarde y pudiera enganchar pero iban pasando los metros y no veía a nadie. Solamente me he encontrado a uno bajando ¡ANDANDO! por el camino con la bici entre las piernas, creo que esa estampa nunca la había contemplado, hay que ser muy, muy cagueta para hacer eso. En fin, yo a lo mío y mientras subía me iba sintiendo bastante cómodo, extrañamente cómodo diría yo, tanto que no he necesitado bajar a plato pequeño en ningún momento, también de agradecer que hacía una temperatura ideal, sin agobios.

Así iban pasando metros sin pillar a nadie hasta que pasadas ya tres cuartas partes del recorrido he contactado con Potato que subía muy despacio y hemos acabado juntos la subida hasta la barrera donde sí nos estaba esperando Román, sólo él, nadie más se ha presentado. Había otros conocidos por allí pero habían salido ya por la trialera y no les he visto. Inicialmente ése era mi plan, no quería subir más, y de paso comprobar por mí mismo la veracidad de los comentarios que he oído sobre las modificaciones ocasionadas a ese recorrido pero no me he podido resistir a la tentación de acabar la subida hasta las antenas aún a sabiendas de que volvería a bajar por el mismo sitio.

Subida cómoda otra vez con parada intermedia para esperar al rezagado y vuelta a las andadas hasta las antenas donde recibo un recado telefónico y me dispongo a bajar raudo por donde había venido mientras los compañeros prosiguen ruta ya por el interior del encinar.

En la barrera de Bunyolí saludo a un bikero que sube y no recibo contestación, paso. Llega otro resoplando como un asmático, hasta me da que pensar y tampoco me saluda, le falta el aliento. Después me doy cuenta de lo que pasa, son sordos los dos y aún así logramos entendernos cuando entablamos conversación. Ellos siguen y yo bajo intentando encontrar las diferencias en la trialera como en el juego que salía en los periódicos. No han tocado mucha cosa, quizás allanarla un poco y en alguna curva han puesto tablones para aguantar el peralte y algún recto ahora es más evidente. Dicen que hasta han recortado las ramas laterales. No es muy exagerado pero aún así estoy en contra de estas manipulaciones y más en propiedades ajenas y sin permiso suponiendo que sea éste el caso. Una cosa es que nos dejen pasar y otra que hagamos y deshagamos a nuestro antojo dónde nos parezca.

He hecho toda la bajada solo y he podido concentrarme en el tacto muy mejorado de la horquilla después de hacerle un mantenimiento. La he desmontado pero no he cambiado nada más que el aceite, recomiendan cambiar también las juntas tóricas y los retenes pero estaban en buen estado así que lo he dejado para otra ocasión. Supongo que me sobra un poco de presión de aire y el rebote debe ir un poco más lento pero así y todo ha mejorado muchísimo.

Ahora sólo me queda averiguar el origen del ruido que tengo que yo atribuyo al eje del basculante pero que el mecánico lo desplaza a otras zonas, lo ha revisado pero aún así se sigue produciendo.

Continúa el serial, arréglame la bici, porfa.


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