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La cabra por los suelos

Seis de diciembre de 2007. Día de la Constitución Española. Fiesta. Algunos de los palmesanos hemos decidido salir un rato cerca de la ciudad, ya que seguramente saldremos también el sábado para volver a Artà, y eso queda lejos, nada menos que setenta kilómetros, pero esto, en esta isla, es la otra punta. Entonces, para no liarla, quedamos para ir a la Comuna de Bunyola, donde por ahora aún no nos ponen pegas. Tiene la ventaja de tener una subida por autopista (léase ancha pista preparada para todo tipo de vehículos) que te permite un calentamiento adecuado, siempre y cuando no quieras subirla a quince por hora. Yo a diez me conformo.

Nos hemos concentrado solamente cuatro, aunque otros grupos también pululaban por allí. Los Blando, con Buzz, han salido después que nosotros pero no nos hemos cruzado, únicamente con una pareja a la que hemos pillado casi arriba. Ha pasado la furgoneta de Ciclos Gomila llena de bicis y bikeros descenders hacia arriba. Seguramente habrán hecho varias mangas porque los hemos encontrado en el aparcamiento en la vuelta. Como normalmente hacemos, solemos tirar por el Comellar d'en Cupí y, aunque había subido bastante cómodo, allí me he dado cuenta de lo poco fino que iba hoy. Muy torpón, sin dominar la bici. “Qué mal me veo en las bajadas si en las subidas voy así”. Efectivamente. La calificación ha sido: penoso.

En lo más alto de la pista hemos comido algo y tras parapetarse tras las protecciones nos lanzamos a por la Cabra. Ha habido un pequeño debate sobre el origen del topónimo, sin resultados claros. Lo importante es que al entrar en la trialera ya iba pinchado de atrás. Mierda de goma. Esto pasa por querer apurar el material hasta más allá del límite. Ya no estaba esa goma para esos trotes. Como iba el último me he quedado solo y cabreado. No por quedarme solo, sino porque tendrían que esperarme más de la cuenta abajo y además tendría que bajarla sin referencias, que eso, para un aficionado como yo, es muy importante. Reparo y salgo, y en la primera zona donde hay cuatro escalones me voy hacia un lado contra un arbolito y al querer apoyar el pie he salido rodando por las piedras abajo. Aún no me explico porqué no he quedado de pie. Conclusión: rodilla y gemelo golpeado, además del omóplato, que por ahora es lo que más me duele, sobretodo cuando extiendo el brazo. La mochila me ha salvado de darme un buen golpe en la espalda. Bien, era normal, piensas que te vas a espiñar y te espiñas. Y es que hay que aprender, tendría que haber bajado andando. Y todo el rato con la sensación de ir con la llanta en el suelo, que incomodidad!. No sé qué pasa pero las dos últimas caídas que he tenido han sido en descensos de la Comuna, en el directo de Coanegra y en éste.

Ascendemos al Coll des Picó. Muy mal, siguiendo con la tónica, y ya he dado la ruta por perdida. Hoy no iba a disfrutar. Menos mal que la bajada que sigue no se me atraganta mucho. La he bajado sin complicaciones pero sin seguridad en el tren trasero; además la rueda también se ha vaciado y en el desvío a Coanegra he tenido que volver a hinchar. Al entrar en el bosque ha habido una sesión de saltos y después a saco hasta abajo. Primero le he hecho un poco de tapón a Joanvl y en una pendiente todo recto le he visto pasar por un lado y adiós, aunque he llegado bien abajo haciendo todo el tobogán, me he desviado y he salido por la otra verja, la que está más cerca del torrente, por cierto, con bastante agua. Nada de descansos. Hacia arriba directos corroborando todas mis malas sensaciones del día. Una cuesta que se podría subir bien hasta la mitad o más y después continuar seguido hasta el final, estaba con el pie a tierra cada pocos metros. Pero ya estaba resignado. Quedaba lo peor. El tramo hacia Santa María. Clavado en cualquier obstáculo, aunque lo he intentado.

Ha habido reagrupamiento en la parte intermedia, antes de empezar el descenso de verdad. En la primera rampa, justo empezar, un invertido. Suele pasar si intentas bajar un escalón alto y además frenas de delante. Hay que ser globero, globero. Caigo en silencio, los demás no se enteran=no se preocupan. En cada reagrupamiento: “Kapax, ¿cómo vas?” Mal, piensas; “bien, bien”, respondes. Sigo tras ellos montado y esforzándome en no pegármela otra vez. Además la rueda de delante se está deshinchando, lo que me faltaba. Llegamos a la pista y aquello parece la peregrinación al Avenc de Son Pou. Muchos no saben dónde está y preguntan. A mí me han parado dos en Son Roig que lo estaban buscando mapa en mano. Se ve que al llegar a Son Pou han visto la barrera cerrada y han vuelto atrás quedando ya desorientados. Antes habíamos dirigido a un grupo que se había ido montaña arriba. Parece que el dueño tendrá que poner más carteles si quiere conservar el negocio.

La sorpresa ha sido saber que Fibras había dejado su furgoneta “nueva” en la barrera para ahorrarse la vuelta a Bunyola. La otra sorpresa ha sido comprobar cómo ha cabido todo y todos dentro. Aunque le pongo un límite de diez kilómetros para los que vayan detrás. Más ya no podría asegurar que no ocurriera algún percance. En el aparcamiento de la Comuna hemos visto a los descenders empaquetando las máquinas y he reconocido a uno de ellos. Pero eso ya es otra historia.


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