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Día de la mora

On vas, Nofre? A fer un poc net sa finca, l'hi contestà aquell home ja major que el divendres no tenía res més a fer. Idó no facis tard que avui hi ha peix per dinar i no te vull esperar, l'hi empeltà la madona.

No es que sepa cierto que ésta es la historia real de lo sucedido en Andratx el viernes pero bien pudiera serlo y es la que me va rondando por la cabeza desde que me enteré del desastre. Se puede decir que se le fue un poco la mano en la limpieza, unas dos mil hectáreas de más.

He quedado a las siete y media del domingo con varios compañeros para salir a rodar un poco cerca de Palma, según me han dicho, yo por si acaso llevo un plan B que al comentarlo parece calcado de su idea. Entonces, tras esperar los cinco minutos de cortesía a algún rezagado (es de agradecer el detalle porque muchas veces he sido yo ese impuntual), hemos salido hacia Son Malferit. Hoy también nos ha acompañado Pepefz que se aburría por casa y Benjamín. Juanfran, que también venía, ha tenido que volver atrás por un despiste. Así que ya tenemos el grupo rodando y quizás hablando más de la cuenta con lo que el ritmo no es el más rápido que se pudiera aunque tampoco nadie se queja, quizás de lo contrario, y es que parece que en este inicio de verano cuesta mucho coger un mínimo de forma física. Ruta habitual por Sarrià y Son Malferit, y es que no hay prácticamente otra opción a no ser que nos metamos en las fincas en plan furtivo, y no es plan. Esta vez bajamos un tramo del camino que baja a Esporles para remontar un poco de asfalto y meternos por el área recreativa hacia la font de Dalt donde paramos más de la cuenta ya que tras la charleta sobre la mora y temas varios me doy cuenta de que he pinchado y debo cambiar la cámara.

En pocos minutos hemos llegado al estanque y comprobamos como se va colonizando de seres alienígenas, nadando no vinieron desde luego. Comento de bajar a Esporles y lo hacemos directamente sin pasar por los escalones cosa que nos permite comprobar como las moreras casi presentan su mejor cara así que doy buena cuenta de un buen puñado de moras maduras, buenísimas. Pepe hace lo mismo con el peral e improvisamos un pequeño piscolabis en ese mismo lugar.

Vuelta por los callejones de Esporles hasta las afueras, tanteamos la posibilidad de subir por la costa de Son Dameto que la mayoría descarta y en esa disquisición nos alcanza otro grupo de bikeros pero que fue también el único sitio donde los vimos. Llegamos hasta Mirant de mar y hacemos la bajada larga donde en una de las curvas de la parte más empinada se me cruza la rueda delantera y salgo despedido pero ni siquiera llegué a caer. Llevábamos tres horas de rodaje y emprendimos ya la vuelta, yo quería subir al camí des correu pero lo dejamos para otro día y volvimos juntos por el camí des correu hasta el safareig realizando a partir de ahí el itinerario inverso al de la ida.

Como veis una ruta sin grandes aspiraciones a nivel deportivo pero que cumple perfectamente con otros parámetros a tener muy en cuenta, todos aquellos que se suponen consustanciales a la práctica deportiva en compañía, así que satisfecho en ese aspecto. Justo en el momento de salir de Son Moix veo pasar uno detrás de otro a los siete hidroaviones que se encargaban de la extinción del voraz incendio que se desató en Andratx, han sido unos días sumamente largos para todos los equipos allí congregados. No he visto aún sobre un mapa la zona exacta calcinada pero es inmensa y restablecerla a su estado original supondrá una ingente y casi imposible tarea si tomamos como ejemplo algunas zonas de la serra de na Burguesa.


Día del apóstol

Hay que poner orden a esto de salir por las tardes porque vamos de cabeza al desastre, a este paso un día no volvemos, tampoco es que pasara nada extraordinario, dormir al raso no es ningún deshonor. No lo es si es lo que tienes previsto hacer, si vas equipado, comes y bebes, tienes luces y te puedes preparar al menos un mullido suelo para descansar en condiciones, pero si debes hacerlo porque no te queda más remedio, sin comer ni beber, sin siquiera ver donde estás y con unas bielas de cojín la cosa cambia, puede ser frustrante, habría que tomárselo con buen humor si es posible.

La cosa empezó mal como de costumbre, yo llegaba tarde y Juan más aún con lo que Kiko se hartó de esperar antes de empezar a rodar. Había quedado a las seis en Santa María casi a sabiendas de que me sería imposible cumplir pero lo cierto es que nos viene más que justo empezar a esa hora desde cualquier sitio, primer punto a tener en cuenta.

El segundo podría ser el tipo de ruta, esta vez estaba emperrado en ir a Alaró a ver una bajada que hicimos una vez Carlos y yo. No comprobé ningún tipo de dato (tampoco tengo de dónde) sobre dificultad, horarios, etc. lo que sé era solamente del recuerdo, y recordaba que empezamos del mismo sitio, que no la habíamos atacado en un principio, dimos alguna vuelta para hacer tiempo, hubo caídas, hubo fotos, hubo merienda antes de empezar a bajar. Todo eso me daba la sensación de tener un buen colchón de tiempo que gastar. En la propia bajada nos perdimos y tardamos bastante en volver al camino y una vez situados en el sitio correcto era todo ciclable tanto a un lado u otro de las rejillas, se puede decir que iba bastante relajado en ese aspecto y la intención era concentrarse en el deportivo, intentar hacer lo más posible de ese camino o al menos ver que otros sí pueden acometerlo. Y todo esto en unas tres horas y media. Como plan no estaba mal del todo, simplemente es que los planes pueden salir o no salir bien y este fue de los que no aunque si nos ponemos optimistas, podría haber sido peor.

Llegar a Alaró y hacer la subida del Castell no tiene secretos pero nos puso a todos en nuestro sitio, yo tuve que hacer un verdadero esfuerzo para no parar ya que parecía que llevaba el sillín con la punta hacia arriba, uf, cómo escocía. Kiko subió de más a menos y Juan subió porque tenía que subir. Encontramos la bajada enseguida y a los diez metros y en la primera roca, llantazo, es como si te sacaran tarjeta roja a la primera falta, jode. Reparamos y seguimos y pronto llega un paso que se me atraviesa, Kiko lo quiere intentar, está seguro de la intención pero le falla el procedimiento y cae de lado, pedal en tibia duele un montón.

Llegamos a una zona de cazadores y continuamos por donde el hito, craso error, está allí para despistar porque no conduce a ningún sitio. Vuelvo atrás y encuentro el camino donde tiene que estar, bajo a buscarlos y vuelta arriba con las bicis que en esos momentos sobran. Pasos complicados, rocas y árboles obstaculizan nuestro paso pero se intenta y llegamos al punto donde hay que desviarse, hay que saberlo porque no es nada evidente pero el siguiente tramo que le sigue, el paso en sí, es una trialera técnica de lo más exigente técnicamente. Kiko lo quiere intentar en una losa y cayó sobre un pino, misma tibia del pedal de antes que ahora se refriega con ganas en la corteza de un pino muerto, duele varios montones. Claro, a partir de eso los retos pierden importancia y empieza a cundir el desasosiego, yo, que sé que abajo empieza la parte ciclable para todos, estoy más tranquilo.

Llegamos abajo y efectivamente al menos podemos pedalear tras cruzar el torrente pero sucede otro contratiempo, de repente nos vemos bajando por una ladera inclinada sin poder montar y diciéndome a mí mismo que no me suena de nada, y tan poco me sonaba que tuve que volver a subir para encontrar el camino justo donde lo habíamos dejado. Vuelta a subir bicis y se puede decir que era ya muy tarde, se veía muy poco, y no es ésa y no otra la razón para perder un camino tan evidente. Aquí, mientras buscaba el camino, me ponía ya en cualquier tesitura y no porque no fuera capaz de encontrarlo sino por no poder verlo, era realmente tarde, de hecho el paso por los botadores y el olivar lo hicimos casi a tientas.

Bajar a Alaró, coger agua y volver por la carretera ya rodamos a oscuras, había momentos en que dudaba de que hubiera una carretera allí tal era la poca luz que daban los dos focos de los compañeros y yo me había dejado la luz trasera para acabar de rematar. Está claro que puedo decir que la noche me confunde, me confunde la hora y me confunde el camino y no ir preparado lo empeora, pequé de optimista al programar la ruta pero quise comprobar después cuál fue mi error y sigo sin saberlo porque la primera vez y sin ir directamente como el jueves pasado en tres horas estábamos en el olivar, las horas de la cámara no mienten, entonces fue ese cúmulo de incidencias, pinchazo, caídas, pérdidas lo que nos trastocó el horario, pero además agravada la desazón por el mismo anochecer, de día el comportamiento es completamente diferente.

Las consecuencias físicas parece que han sido leves, el que más arriesgó más las padeció pero estoy seguro de que en otras circunstancias todo se verá muy diferente, sobre todo porque simplemente se verá.


La de arena

Llega el domingo y no tengo muy claro lo que voy a hacer, alguna propuesta circula por ahí pero o bien no se ajusta a mi horario o bien es inconcreta, por lo que decido acabar de una vez lo que no pudimos terminar el jueves, aunque esta vez tendré que declinar en singular en vez de en plural con lo que no me queda más remedio que llevarme el teléfono por si las moscas.

El recorrido será el mismo que el del jueves en principio pero al acercarme al lugar cambio de parecer y recorro unos kilómetros por asfalto aunque con tanta concentración que me paso el cruce por donde debo girar. Subida fácil, si acaso con un poco de tiento por la gran cantidad de escombros que han vertido, y desvío en el cruce. Tampoco hay nadie hoy en las casas por lo que no tengo ningún contratiempo en llegar a la barrera y traspasarla. Continuo por el conato de camino y después por lo que parece ser un sendero de ovejas hasta la primera pared, que cruzo y llego poco después a la segunda que cerca el campo cultivado. Me parece recordar que no debería haber llegado allí por lo que vuelvo atrás por el sendero y continuo por otro ramal que va saliendo de la finca, cosa que no tardo mucho tiempo en hacer pero hete aquí que la cosa ya no está tan clara en este barrio y me entran las dudas porque no tengo referencias visuales. Sigo mi instinto y llego a otra pared (o es la misma de antes?) y si no la cruzo tengo el torrente enfrente pero tan tupido que me hace refrenar mis ganas de atravesarlo.

Busco pues una alternativa más asequible y la encuentro tras pasar por un portillo tapado por un somier. La bajada y posterior salida del torrente es factible hacerlas montado y siguiendo la trazada menos complicada vuelvo a traspasar la pared y veo en la de enfrente los restos de un botador que en algo me ayudan a sortear el obstáculo. Tomo hacia la izquierda y acabo en un sendero por el interior del bosque y casi sin querer estoy en la urbanización. Hito conseguido y respetando las condiciones que me había auto impuesto al diseñar la ruta pero aún no estoy preparado para festejos y afronto la subida por el disseminat a buen ritmo.

Cuando paro en el desvío de Esparraguera Vera consulto la hora, las diez y ocho, perfecto, solamente dos horas, algo más si añadimos la opción de Son Orlandis. A este ritmo es casi seguro que cumpliré horarios. Muy satisfecho recorro el sendero que me deja muy cerca de la caseta y tomo la pista de enfrente y luego el desvío de la izquierda, el que aún no había recorrido. Me gustó pero no pasa por la ermita aunque sí muy cerca, empalma directamente con la bajada y al verla delante no me tentó nada subir, me tiré hacia abajo sin pensarlo. No bajé el sillín y en la primera parte te envalentonas pero de la mitad para abajo es más irregular y hubiera preferido haberlo bajado.

Llegas abajo y si quieres salir por Pòrtol debes girar a la izquierda, primero por pista y después por sendero, lo que pasa es que lo han saboteado, cada ciertos metros han puesto barricadas formadas por ramas que en algunos casos se pueden sortear y otros no, de hecho no parece una idea muy brillante que digamos pero en uno de los casos hasta han talado un pino grande para tirarlo en medio del camino, desde luego si nos encontramos a alguien no creo que nos dé los buenos días precisamente.

Mi objetivo era llegar a Els Caülls otra vez para averiguar dónde nos equivocamos y fue precisamente donde pregunté al pastor, de día no tuve ninguna dificultad para llegar al camí de Muntanya y a Son Macià. Recordando el episodio del salto me fui acercando a las casas y me picaba de tal modo la curiosidad que paré allí y di dos gritos a través de la cortina de la cocina hasta que salieron y pregunté por el tema del cierre y resumiendo me dijeron que la cerraban aleatoriamente, tanto de día como de noche, porque según ellos, entra gente que no toca. No me echaron, ni me impidieron volver, aunque aseguraba que el camino es privado. Desde luego la opción de volver sobre nuestros pasos no será bien aceptada por muchos pero es la única que me ofrecieron y que veo por ahora.

Cual fue mi sorpresa al llegar a casa y comprobar que no eran ni las doce, algún minuto faltaba para la hora en punto. No he hecho la ruta completa exactamente pero si la hubiera hecho tampoco hubiera sumado muchos más minutos ahora que sé el itinerario correcto aunque solamente hice una parada de pocos minutos, tan solo los necesarios para comer un plátano y poco más. El tema horario tampoco es que sea prioritario más bien lo era el encontrar los pasos adecuados por el interior de las fincas y eso se ha conseguido al fin.


La de cal

Uf, vaya semanita. El grupito de los jueves se ha desmembrado, uno de ellos ha faltado a la cita aduciendo exceso de curro, lo que pasa es que se lo veía venir, hacer encajar la ruta propuesta en el tiempo disponible era cuando menos ilusorio, Juan y yo quisimos intentarlo pero una cosa es el querer y otra el poder, por mucho que digan.

Empecemos por el principio e iremos comprobando de qué manera pueden llegar a torcerse las cosas. Debíamos vernos a las seis y desde unas horas antes ya tenía noticias que no hacían presagiar nada bueno. Kiko no viene, éso ya lo he dicho, pero no tiene porqué ser el origen del desastre. Lo siguiente es que la bici de Juan pincha sola sin moverse del comedor de su casa, ¡anda ya, ¿qué me estás contando?. Lo cierto es que lleva dos cámaras cambiadas y pasan de las seis y entre el “ahora bajo” y el “ahora llega” pasan diez minutos más, el retraso ya es insalvable pero aún tenemos posibilidades así que no perdemos más tiempo en explicaciones y aceleramos la marcha.

Ahora va y suena el teléfono, paro un momento a ver quién es, seguro que se trata de algún cliente en apuros pero contestar supone ya el carpetazo definitivo a la salida y confío en que se lo piense y espere a mañana, sea lo que sea. Pues no, insiste y al no tener contestación llama a otro el cual ahora me llama a mí, no puede ser tan importante como para intentarlo con tanta insistencia. En eso que Juan pronuncia la frase maldita: “he vuelto a pinchar”, será de mirar la rueda porque por ahora hemos ido por asfalto. En fin, mientras busca sin éxito el motivo del pinchazo en la cubierta o la llanta yo contesto a la llamada y efectivamente no había motivo serio, un simple correo notificando la avería o una llamada en horas laborables hubiera bastado. Así y todo un cuarto de hora al teléfono no me la quitó nadie, y no fue la última llamada que tuve pero ahí ya ni lo saqué. Decidimos seguir a pesar del retraso acumulado y no solo éso, lo haríamos por el interior de Son Orlandis, quería calibrar una variante en esa finca que ha resultado bastante decepcionante. Al no llevar más cámaras lo hemos hecho andando y ni así me ha convencido ya que se adentra en zonas más agrestes que el primer pase que realicé.

Camí de Can Rafel y el camí de s'escaleta del tancat des voltor, me parece que es más largo el nombre que el camino en sí pero está situado en el sitio estratégico para no tener que llegar al pueblo. Desde arriba nos fijamos en un ramal de Puntiró perfectamente delineado y una continuación algo más rústica, tipo cortafuegos, que casi llega abajo y decidimos investigar a ver si la podemos enlazar. La parte más accesible parece ser una zona cultivada de unas casas cercanas lo que hace que busquemos más abajo una alternativa algo más discreta. Lo hacemos circulando por un camino lateral y por ahí entro en la finca en cuestión caminando y recorro unos metros y no me convence nada de lo que veo. El recorrido del camino hacia abajo no nos reporta nada nuevo así que volvemos a subir y dejamos para otro día la investigación por abajo.

En lugar de bajar a la carretera y volver directamente a la ciudad que hubiera sido la opción correcta en ese momento decidimos (decido) que volveremos por el pueblo. Están en fiestas y pasamos por la plaza en pleno festival de la fiesta de la espuma y las camisetas mojadas, el tema interesa pero debemos estar pendientes de la luz solar que ya va menguando, de hecho cuando el camino pasa más arrimado al bosque se nota ya que la luz empieza a escasear, nosotros no llevamos más que un simple foquito de posición y yo ni siquiera eso.

Desvío por Marratxinet para salir frente a los viveros y recorrer unos cientos de metros de la carretera a toda pastilla y salir de allí por el camí de sa bomba para dejarlo también bajando a las vías una vez pasado el puente. Por ese camino de finca salimos frente al centro comercial del cual cruzamos el aparcamiento hasta el puente peatonal y el paso canadiense rodeando la urbanización y allí, justo allí, la cagamos. Enfrente teníamos el inmenso campo y al fondo, una pared. Para cruzar al otro lado debíamos pasar entre el rebaño de ovejas y aprovechando que estaba el pastor le pregunté si íbamos bien por allí. Un ademán con el cayado y un “juhhh” señalando una dirección indeterminada fueron las respuestas pero más bien en lenguaje ovejuno por lo que me quedé casi peor de lo que estaba.

Salimos de allí y empezamos a recorrer supuestos caminos que no nos llevaron a ningún lado, empezaron las idas y venidas hasta que de repente me veo dando una curva y reconozco el lugar, sabremos salir aunque Juan me hacía la contraria de que el día que él vino salimos por otro lado, puede ser pero sin ver ni torta no vamos a ir a buscarlo. Finalmente encontramos el ramal que sale de la finca y, ¡oh, cielos! la barrera está cerrada. Bicis y bikeros están ya al otro lado y al pasar Planera deberemos ir a toda mecha por el camí de Muntanya que no tiene iluminación ninguna y confiar en que los conductores nos vean.

Nos desviamos por el camino de Son Macià y para nuestra sorpresa la barrera de salida está cerrada. Activamos modo silencio, apagamos luces, pasamos bicis al otro lado y al pasar los dos nos damos cuenta de que aún seguimos estando detrás de la rejilla. Vuelta a pasar bicis e intentarlo por el otro lado. Unos enganches sueltos de los postes que aguantan los alambres laterales darán aún un poco más de emoción al ejercicio de salto de valla con doble pirueta incluida.

Una vez en el desvío del Pont d'Inca y rodando por el sendero adosado al torrente pierdo a Juan, resulta que se ha parado porque se le ha enganchado un trozo de alambre en la rueda y le impide rodar. Tras continuar, y como os estáis imaginando, ha vuelto a pinchar. Rodamos ya por las calles de la ciudad y va con la rueda completamente vacía, ni siquiera hinchando dos veces más consigue llegar con un mínimo de dignidad a casa y yo al entrar en la mía me entero de que son más de las diez y media, menudo par!, pero no hay problema, sólo es cuestión de tiempo que encuentre el camino correcto y además tengo confianza, es más, estoy completamente seguro de que el resultado será altamente satisfactorio pero eso habrá que comprobarlo en el próximo episodio, el método de ensayo y error tiene estas cosas.


Con y sin bici

Dispuesto a no llegar tarde a mi cita del domingo atraso un poco la hora del despertador para asegurar mi puntualidad. Mi cita no será con los que van a practicar descenso en el mini circuito de Pòrtol, remonte va, remonte viene; mi cita será con los bous que decidan participar en una salida rodadora. La intención primera es valorar la posibilidad de realizar cuantas bajadas sean posibles en compañía; en solitario hice tres y sin forzar y no acabé muy tarde pero hice la bajada directa a Son Ferrà y eso es una de las cosas que quería cambiar. De todas maneras ya pronto vi que no sería posible ante la demanda de un horario ajustado por parte de los compañeros, en este caso, solamente dos, Guiem y Toni, pero como accedieron encantados a acompañarme pues una cosa por la otra y todos contentos.

Ruta de acercamiento clásica por el acceso de Bunyolí, Sarrià, Son Malferit, Son Ferrà y lo que nos espera más allá. Prueba superada en el gravet, reagrupamiento arriba y vuelta a empezar hasta la ermita. Sin perder más tiempo del necesario que para equiparnos iniciamos el divertido descenso sin más contratiempos que alguna curva cerrada y un paso imposible de trialear ni mucho menos saltar. Los compañeros no se lo acaban de creer y bajan con más precaución, excesiva quizás.

Estamos en la pista otra vez y subimos enseguida que estamos los tres para esta vez sí comer algo arriba y refrescarnos en el caño de la cisterna. No vimos ni oímos a nadie si exceptuamos a dos excursionistas foráneos, una pareja de cierta edad que subía detrás de nosotros y que nos adelantó. Tras algunos minutos de relax decidimos hacer la bajada tres, una pizca más técnica que la anterior que requiere mayor destreza en el paso de curvas pero sin más complicaciones añadidas.

Vuelta rápida y directa, o al menos con todo metido, me despido de Guiem y Toni hasta la próxima notando ya la ola de calor y malestar al entrar en la ciudad, ¡con lo bien que estábamos pocos minutos antes!. Cierto que la propia actividad ciclista en terreno complicado te genera un gasto de energía más elevado pero en mi caso la sensación de bienestar general es mucho mayor que la estancia en una playa o una cala en plena canícula.

El miércoles pasado sin ir más lejos estuve por allí otra vez, aunque en esta ocasión a pata. No lo tenía previsto pero quise dar una vuelta y partí caminando desde el área recreativa por el camino que se dirige hacia el cristo. A veces hay que hacer estas cosas para poder fijarte en detalles que pasan inadvertidos al ir en bici, cuando parece que sufres el efecto túnel, y éso hice. De lo primero que me dí cuenta es de que el primer tramo de pista tiene una inclinación exagerada para intentar subir por ahí rodando, se puede hacer pero a costa de poner (y poder) mucho de tu parte y en cambio encontré una alternativa que te ayuda en parte a superar ese ascenso.

La subida tiene algunos tramos muy factibles y cómodos y la encontré corta, hasta pude investigar algunos ramales aunque sin continuidad. Arriba del todo está la parte más inclinada con algunos rectos que habrá que patear pero enseguida vamos encontrando los cruces de las diferentes opciones, la continuación hasta el monumento, el cruce de la bajada del pozo, y el de la bajada principal, por así decir. Obvié algún descanso turístico en el castellet y continué la bajada a buen ritmo hasta el desvío de la fuente por donde volví al lugar de origen. En resumen, un buen paseo que me dí sin tenerlo previsto y que realmente necesitaba.


A todo correr

Dado que la logística no acompañó esta semana la salida intersemanal cambió de escenario. Hago constar lo de salida porque se trata de eso, de cumplir objetivos, y éstos no son puramente físicos, que también son importantes porque de un tiempo a esta parte parezco que llevo a Don Petao colgado a la espalda donde quiera que vaya, pero bien, otros alicientes vamos a buscar a la hora de decidir un itinerario. Muchas veces vamos a la aventura, aunque para ser más exactos ya que aventura puede ser un término un poco grandilocuente, a lo que salga.

Los retos son pequeños, aquí no entrenamos para hacer una travessa non stop ni nada parecido, ni mucho menos andar pendientes del cronómetro para afrontar un tramo concreto, no, diría que es algo mucho más sencillo pero afrontado de manera rudimentaria, casi a lo bruto. Pongamos un ejemplo: quiero ir desde la plaça Miquel Dolç (ex teniente coronel Franco) hasta Puntiró sin ir por la carretera evidentemente y ese simple detalle condiciona toda la ruta. A grosso modo trazamos una línea recta sobre el mapa y vamos buscando por donde meternos. La primera parte hasta Marratxí está clara, solamente nos falta un puente peatonal sobre el torrente de Na Barbarà para sortear ese obstáculo aunque alguno puede que hasta lo intente subido en el sillín. No hay pegas hasta el segundo cinturón aunque en las primeras ocasiones ese tramo lo hacía por carretera hasta s'Hostalot. Un examen más detenido de la zona nos da la solución de forma más directa y aún así debemos practicar el ensayo y error hasta encontrar el vial adecuado.

Nuestro próximo objetivo es Son Orlandis y ya hemos abandonado el asfalto, ese tramo, aunque potencialmente muy divertido, es un arma de doble filo. La primera vez que pasé por allí lo hice campo a través y aunque no pasó nada a estas alturas del año es sumamente arriesgado por el altísimo riesgo de pinchazo. Más tarde encontré otra entrada con un camino en condiciones pero no llega hasta el final de la finca y hay que recorrer unos cientos de metros sin un firme adecuado. La última vez lo hicimos caminando para evitar ese riesgo. Después de sortear dos paredes ya podemos volver a montar sin apenas contratiempos aunque aún no estamos en un camino propiamente dicho.

Esa es la teoría pero el jueves pasado en la práctica decido rodear esos inconvenientes y dirigirme hacia la población directamente por carretera, la única pega es que es cuesta arriba y Juan parece acusarlo. Le sigue otro despiste cuesta abajo y vuelta a subir y esta vez sí llegamos a la carretera principal que tomamos hasta el instituto y giramos por la calle más cercana a la garriga y al final me parece vislumbrar una escapatoria. No me lo pienso dos veces y al poco estamos ya saltando una rejilla, el sendero continua hacia abajo pasando muy cerca del castillo, estamos tentados de llegar a él pero continuamos con la exploración que por contra no nos lleva muy lejos, creo que a una torre eléctrica, lo que hace que volvamos sobre nuestros pasos, cuesta arriba, claro.

Unos cientos de metros más lejos y circulando por una calle en dirección contraria me parece reconocer algo conocido entre las casas, es el carrer de sa Garriga, por donde deberíamos haber llegado si hubiéramos venido por Son Orlandis y perdemos otro rato circulando por el camí de Can Rafel para explicarle a Joan la situación, cosa que no parece convencerle mucho ya que prácticamente llevamos media ruta viendo los mismos caminos en los dos sentidos, es lo que tiene no saber donde vas. De vuelta enganchamos un sendero que une esta calle con el camí vell de Sant Jordi, una de las excusas de la salida. Encontrado y disfrutado a la primera, ése no hubo que volver atrás.

Hacemos casi toda la bajada por la pistorra hasta que nos metemos por el desvío y llegamos a la misma barrera por la que pasé yo yendo solo, y no hay otra, he buscado por las inmediaciones y es ésa por lo que si queremos llegar con alguna garantía de éxito (ràpido y cómodo) a Puntiró hay que enfilar bien la dirección desde el principio, no diré que el gps sea estrictamente necesario pero ayudaría a no perder el tiempo. De todas maneras ahí se acabó la excursión, había que volver y habría que hacerlo por carretera a todo correr al menos hasta s'Hostalot, después ya más calmadamente por las urbanizaciones pero con el tiempo justo para no llegar de nit fosca.

Hice el track de la salida y me salen 45 km que habrá que recorrer en menos de tres horas y media si queremos acabar con algo de luz, creo que es factible, el jueves que viene podemos ir a comprobarlo, si alguno se ve capaz de hacerlo, que se presente ya sabe donde, y si no lo sabe que use el contacto que hay más arriba.


Paseo marítimo y Arenal

El otro día alguien me preguntó si había salido el domingo pasado, ¡por supuesto! aunque por causas ajenas a mi voluntad cambié de planes antes siquiera de empezar a ejecutarlos, y dado que durante la semana se había comentado vía correo la posibilidad de acudir a un evento ciclísta en Son Verí del Arenal me dirigí hacia allí, no para participar ya que por mi condición de amateur debería haberlo hecho a partir de las once y media y a esa hora tendría que estar de vuelta, sino para aprovechar la ocasión para dar la bienvenida a un colega que ha estado un tiempo fuera y ha regresado a la ciudad y seguramente para saludar también a otros que pensaba se acercarían, bien para competir o para aplaudir.

Y efectivamente tal como lo he dicho así ha sucedido y aprovecho aquí para colgar el video de la ruta de aproximación para que veáis que no todo es mtb en esta isla, otros acicates pueden darse.

Dirección, interpretación, diseño y montaje por Yarik



El camino

Muchas veces no nos damos ni siquiera remota cuenta de la posible influencia de nuestros actos sobre el entorno o sobre las personas.

He aquí un ejemplo de ello



Va de cicádidos

Tres horas por la tarde no es mucho tiempo para montar una ruta mtb en condiciones, no es a lo que estamos acostumbrados y eso hace que a veces debamos improvisar un poco más de la cuenta. Esta semana habíamos quedado en el faro de Cap Blanc para dirigirnos hacia Cala Pi. Ya de primeras me pareció demasiado lejos la salida y en cambio el recorrido demasiado corto por lo que me puse manos a la obra y vi que se podría sacar algún jugo de la zona comprendida entre la urbanización de Bahía Azul y el faro. A los tres nos venía bien quedar por allí y así lo hicimos.

Llegamos Juan y yo juntos y hubo que avisar a Kiko de donde estábamos para encontrarnos. Sin quererlo había adivinado el punto exacto de inicio de mi track, el que hice a boleo el día anterior. De lo que se trataba es de atravesar las urbanizaciones sin tocar (al menos mucho) asfalto y es factible. He de decir que el track no lo seguimos ya que no llevábamos con qué hacerlo pero tampoco hizo falta ya que mis dos compañeros conocen la zona perfectamente, así que solamente me tuve que dedicar a seguirles mientras íbamos cruzando toda clase de terrenos hasta Tolleric. Sa Torre, radiofaro, Bahía Azul, Bahía Grande, estas dos últimas por el arcén de la carretera militar hasta que pudimos acceder al solar aún virgen antes de Tolleric por donde las bicis se deslizan con suavidad al estar en su terreno idóneo.

Llegamos a la urbanización y la atravesamos directamente sin comprobar si podemos hacerlo por la línea del acantilado, esa cuestión y algunas más que irían saliendo a lo largo de la tarde pasaron sin más a la carpeta de pendientes. Aunque sobre la pantalla había dibujado una línea que sí entraba en la zona militar de Cap Regana en la práctica no lo hicimos, ni al salir de la urbanización ni por las barreras de entrada convencionales que estaban cerradas por lo que fuimos siguiendo la carretera a la espera de encontrar algún acceso abierto. No lo encontramos y nos vimos obligados a recorrer unos dos kilómetros de asfalto hasta el final de la valla pudiendo ya sí entrar por un camino que nos acercó a la plataforma de una antigua batería de costa y desde allí al borde del acantilado.

Por ahí sí parecía que se notaba el paso de senderistas o bicis configurando un pequeño sendero por el cual nos íbamos acercando a nuestro objetivo, el faro de Cap Blanc. Éso era lo que había estado esperando encontrar muchos metros antes, un terreno sumamente divertido aunque hay que atacarlo con decisión y ahí cuenta mucho la velocidad, no tiene porque ser excesiva pero te tiene que dar la sensación de que vas volando por encima de las rocas.

En un momento de indecisión tiramos hacia la carretera y nos encontramos una zanja bastante larga que sorteamos dos veces y después una pequeña torrentera muy tupida de vegetación y con la valla detrás, eso hizo que nos desviáramos hacia la carretera y volver a recorrer unos metros hasta meternos por un camino donde hay unos cartelones con unas listas de precios de bar que nos invitan a entrar a curiosear. Lo que vemos es un caserón con servicio de bebidas (música no oímos) pero con unas vistas privilegiadas sobre toda la bahía de Palma. No tenemos tiempo para refrigerios ni relajaciones y fisgoneamos la valla que rodea toda la parcela, no tiene aberturas pero compruebo que se puede rodar por fuera por lo que volvemos a la carretera para rodearla. Fue la mejor decisión y aunque el faro ya no estaba lejos lo dejamos para otro día, Cala Pi podía esperar.

Ese tramo fue precisamente el mejor, el rodar muy cerca del borde del precipicio te motiva y aunque no puede considerarse peligroso en conjunto en algunos momentos sí estás realmente cerca del abismo. Hicimos todo el tramo de vuelta hasta la plataforma de la batería, cruzar la torrentera fue lo más complicado y eso que lo hicimos sin despeinarnos, hasta algunos hitos hay puestos y todo. Lo que sí notamos y mucho fue el sol de cara y muy bajo, casi ya en el ocaso, por lo que algunas veces perdíamos el sendero y había que ir rectificando.

Tras atravesar la pared medianera por un derrumbe entramos en una zona de matas más grandes y pistas más evidentes, Juan suspiraba, la zona pedregosa se le atragantaba con tanto vaivén, pero su alegría duró poco (y la nuestra también) porque cada pocos metros que avanzábamos éramos literalmente atacados por las chicharras (o cigarras) que se abalanzaban sobre nosotros, el efecto es más molesto que otra cosa pero no dejaron de hacerlo hasta que volvimos a la carretera ya que no saltamos la siguiente pared, no quisimos comprobar si el sendero continuaba hasta la urbanización aunque yo confío que sí lo hace porque la salida de ese terreno la tuvimos que hacer saltando la valla de la carretera y evidentemente no es lo suyo.

Volvimos rápido por el asfalto hasta Tolleric donde hicimos una parada refrescante y aunque ya iba anocheciendo no nos preocupaba al poder sortear el tráfico por el interior y eso que hubo que poner en funcionamiento el mini foco que llevaba Juan y aunque minúsculo sí se notaba. Casi veinte kilómetros y unas dos horas y media de pedaleo efectivo que se pueden reducir ahora que se ha visto el recorrido aunque ya digo que nos queda un tramo por investigar, aunque no será la semana que viene, ya hay asignada ruta para el jueves y será por Alaró, nada que ver una cosa con la otra.

La ruta nos gustó, ellos ya la conocían en parte pero mi idea es enlazarla con la que hicimos unas semanas atrás, el tramo entre el Arenal y Puigderrós con un perfil bastante parecido aunque es casi todo cuesta arriba. La bajada hasta el mar puede ser opcional pero es sumamente divertida, aunque la subida por asfalto lo es un poco menos. Evidentemente no será una ruta de tarde y desde luego no de las más fáciles, aunque parirla está resultando de lo más molón.

Nota: aunque no lo haya mencionado en la crónica las fotos de la entrada anterior sí son de esta salida y dejan constancia de una instalación militar oculta que nos encontramos y que seguramente no sea la única que exista por esa zona. Es difícil de ver desde arriba ya que no hay acceso por la superficie, lo hacían por el túnel al que no pudimos acceder. Y aquí lo dejo.


Pedalada a Cap Blanc

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