No se cumplió la previsión

La tenía en la lista de pendientes para repetir desde hacía la tira, tanto que no he podido encontrar ni crónica ni fotos de ese día, y sé que estuvimos, pero que me acuerde de los detalles es otra cosa, me estoy refiriendo a sa Foradada, sí señores, ese apéndice rocoso que tiene la isla en la costa entre Valldemossa y Deià, reconocido en el mundo mundial por su famoso forat, ese mismo que se vanagloriaba el Arxiduc de haber comprado.

Tendría que hacer un poco de investigación para poder estar seguro de cuando se construyó el camino ancho de bajada o de saber siquiera si existía otro más antiguo, cosa que me extrañaría un poco porque abajo no hay nada excepto el restaurante pero es moderno evidentemente. Lo que sí sabemos es que el Arxiduc mandó construir el camí de la mar desde el Guix, del cual no queda prácticamente nada, por cierto, y junto con el que baja de Miramar le servían para unir sus posesiones y a la vez poder disfrutar de su barco Nixe que solía estar fondeado al abrigo de la Foradada.

Mi ansia es menos elevada que la del aristócrata y se reduce a disfrutar del lugar en sí mismo y de lo que este me pueda ofrecer a pesar del sobresfuerzo que me va a suponer, es más, lo voy a considerar condición indispensable para ese disfrute, pero no adelantemos acontecimientos porque la llegada a ese lugar también forma parte del plan y no debe subvalorarse, va todo incluido.

Empezaré desde Valldemossa por el itinerario paralelo a la carretera y cuyo primer tramo hasta el cruce se ha ensanchado de facto muy mucho, pronto dará para dos carriles y quizás hasta farolas, y por el siguiente tramo solo vale la pena hasta la mitad por tener que descabalgar en algunas ocasiones, por eso sigo por asfalto y de la misma guisa se continúa hasta la ermita donde comenzamos el recorrido mtb propiamente dicho.

El tramo hasta las ruinas de las ermitas antiguas es casi rodable al cien por cien y en esta ocasión prefiero continúar por la pista hasta empalmar con la inferior, atravesar la pared a continuación y seguir en subida hasta el desvío que nos accederá a su vez con la pista que nos dejará otra vez en la carretera aprovechando que las últimas barreras se pueden abrir sin problemas. Solo me queda carretear otro poco hasta Son Marroig y después de contemplar mi objetivo prioritario desde los miradores superiores y fisgar un poco por la zona voy a buscar la barrera que da acceso a la pista que baja al mar.

Cabe recordar que este camino estuvo en disputa entre la propiedad y el ayuntamiento de Deià respecto a su titularidad y que en alguna época pasada hasta tuvo instaurado un peaje, la situación actual parece de libre acceso y titularidad pública, aunque no podría asegurarlo fehacientemente. Lo que no falta es el consabido cartel con la prohibición de bicis, cosa que tampoco me extraña aunque sin adivinar una razón lo suficientemente razonada como para sustentarla.

Yo voy a pasar en bici y no hay vuelta de hoja, bajaré y ya veremos qué pasa en la subida pero eso ya es otro tema muy diferente. El tramo del olivar está cementado hasta pasar por el mirador y cruzar otra barrera casi invisible y es cuando empieza de verdad el descenso. La pista es ancha y con bastante tierra y piedras sueltas como para no fiarse un pelo de la trazada, si añadimos la pendiente más quisquilloso se pone el asunto pero tampoco era de los que lo llevaba peor, el camión de desatascos que bajaba por allí iba a paso de tortuga y hasta puede que con el freno de mano echado, el conductor no se fiaba de nada y un pequeño derrape sin controlar en alguna curva podía abocarte a una situación harto peligrosa.

Hay que reconocer que el sitio vale la pena aunque el ascenso hasta la cima estaba vetado por ser época de nidificación de algunas especies, no pensaba ir pero si bajas solo para eso conviene informarse antes. Tampoco iba a subir al restaurante pero la cómoda rampa de cantos que da acceso al escar me animó a darme un chapuzón, tampoco diré que el agua estuviera muy fría pero algo contribuyó a refrescar.

No tenía muy claro lo que iba a suceder a continuación por lo que respecta al ascenso, si tenía que valorarlo con las sensaciones que experimenté bajando no presumía nada halagüeño pero tampoco podía obviarlas, nadie iba a venir a rescatarme por lo que tuve que hacer de tripas corazón y empezar a remontar montaña arriba. Y me llevé una gran sorpresa, llegué hasta el mirador intermedio sin sufrir pero tuve que parar allí y es que bajando no lo vi pero subiendo evidentemente sí pero tras la continuación iba esperando la gran rampa que me hiciera pupa y lo que encontré ante mis narices fue la barrera junto al otro mirador, se me hizo corto aunque media hora de subida no me la quitó nadie.

Objetivo cumplido pero se me ocurrió ampliarlo mientras pedaleaba cuesta arriba, me voy a Deià y aunque en un principio tenía en mente buscar los últimos tramos de un viejo camino real sobre el terreno cambié de opinión y bajé por el camí de sa Pesta en dirección a la cala. Sí se encuentra señalizado y deseaba rememorarlo ya que solo lo recordaba vagamente. Mayormente empedrado en toda su longitud tiene también su punto técnico fruto más que nada de la erosión y algunas curvas muy cerradas y empinadas, no olvidemos tampoco las cuatro barreras a sortear, algunas ya por los suelos.

La subida al pueblo podría ser un poco más agradecida, el tramo de las marjades ha quedado completamente erosionado y desdibujado, supongo que por comodidad o por falta clara de señalización se han creado múltiples líneas y tampoco los dos botadors ayudan a crear un itinerario cómodo porque realmente sí se podría rodar de cabo a rabo si no tuviera estos inconvenientes.

Y además no pinché.