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La cabra en su sitio

En principio no tenía que salir este domingo, aunque solo en principio, ya que vista la rutilla de Xisco de ayer es probable que hubiera necesitado descanso dominical seguro. Pero creo que a la mínima posibilidad me habría presentado. Son rutas, éstas las domingueras, de media jornada, cercanas a Palma, no tan machacantes como las sabatinas, por tanto se afrontan con otra mentalidad, como diría, más relajadas, menos serias. Estaba convocada por Wiro y Juantrans e íba a venir Genius, ausente desde hace ya bastante, y al final no ha venido. En cambio quién se ha presentado ha sido Jose María, el (o uno de los) hermano de Wiro con quién no había coincidido (ahora mismo lo dudo pero estoy casi seguro de que no). No ha venido nadie más de la peña y eso que solamente fueron cuatro ayer a Artà.

Se ha juntado un gran grupo abajo mientras pasábamos lista; hasta decía Juantrans que estaba entre ellos Marga Fullana, aunque yo no la ví. A los únicos que ví de cerca fueron a dos a los que pasamos subiendo y que tiraron por la pista hasta arriba, y a cuatro chavales que tampoco subieron por el comellar. Nosotros sí y esta vez un poco mejor que el jueves, aunque la cubierta de atrás no ayudara mucho. Le quité la HR 2.1 de tan ingrato recuerdo y le metí una que tenía puesta en la otra bici, una Specialized Pro 2.0 pero con poco taco también. Le comenté a Semi que cubierta me recomendaba y pensamos en la Geax Sturdy 2.1 pero después de trastear un poco por la red creo que me conviene más la 2.25, para cuando la cosa se complique un poco.

Viendo cómo ha quedado la otra bici, con unas cubiertas 2.1-1.9 estaba pensando en utilizarla para rodar rápido por el carril bici ahora que se acerca el invierno; quizás también para asistir a alguna marcha de la Masa Crítica.

Subiendo hacia el Penyal d'Honor se me ha metido un trocito de madera (de la que tanto abunda ahora en la Comuna) en una roldana parándome en seco y doblando el cambio hacia arriba pero sin romper nada afortunadamente. Mientras pedía un destornillador para soltar el tornillo de tope con la patilla Juantrans lo ha puesto a sitio de mala manera, aunque efectiva, es más, diría que quedó mejor que antes. Quedaba la dressera y las dos rampitas para acabar la subidita y poder comerme una mandarina sentado. Habría que ver con qué ánimos me iba a tirar por la trialera abajo. Así y todo le quité un poco de aire delante y enfilamos el sendero. Llegué al punto del piño y no me paré; me paró una ramita. ¡Qué poquito basta para encogerse cuando no estás seguro! De todas maneras no era mi preocupación del día. Sé que otras veces lo he pasado sin ninguna complicación, por tanto no era un objetivo a superar.

Hubo reagrupación en los troncos y varios intentos, por mi parte fallidos. Cuando cruzo dejo de pedalear y quedo enmedio, en cambio Wiro también lo intentó y lo consiguió. Ningún problema. José María lo dejó para otro día. Llegamos al tramo cabrero y me encuentro a Juanan que no lo había hecho de primeras. Entonces veo cómo traza y cómo rodea el pino. Sorpresa; yo creía que tiraban recto por los escalones más altos, pero no, bajan por la derecha. Quizás otros lo hagan por la izquierda, no lo sé. Yo quería bajar y enfilé por la derecha. No voy a negar que tenía las pulsaciones altas y eso que puse a uno de poste para “limitar” un poco el recorrido, aunque tardé menos en decidirme que la vez anterior. Lo que sí notó Juanan es que en el escalón hundí la horquilla hasta el fondo y no tendría porqué, tampoco es para tanto. Tendré que subir un poco la presión y de paso también un poco el rebote, que noto que tarda un poco en subir y puede provocar que me quede un poco clavado en algún punto. En cambio, para zonas rápidas y rizadas creo que está en su punto.

Estaba tan eufórico que intenté por todos los medios que se tiraran los dos hermanos pero no me hicieron caso. La euforia me duró hasta la subida donde añoré una buena cubierta trasera pero en la bajada la necesité menos. El tramo de Ses Clavegueres muy rápido y divertido como siempre aunque no te puedes confiar ni un pelo. A la mínima puedes quedarte enganchado en alguna rama un poco más consistente que la mayoría e irte al suelo.

Al llegar al cruce con la pista que viene de la carretera giramos a la derecha y llegamos enseguida al bosque donde debemos desviarnos del camino al encontrar una fita. Puede que en ese recorrido las perdamos en algún momento pero no son difíciles de seguir. Encontramos un camino viejo que viene de abajo pero el sendero enfila recto buscando la trazada más rápida y ésta, claro está, es la más empinada y la más divertida. A la vista del camino principal nos pillaron parte del gran grupo que habían salido antes. También estaban los chavales. A la que tampoco ví en esta ocasión fué a Marga. Se fueron antes que nosotros hacia la carretera.

Nosotros les seguimos más tarde e intentamos llegar a ella sin poner pie a tierra y casi consiguiéndolo. En ese tramo y la subida posterior hacia el Coll des Vent la cosa estaba calmada pero cambiaría en la bajada, sobretodo después de la barrera de Honor, donde empieza el largo camino pedregoso hasta el Coll de Sóller. Mira que me acuerdo de él veces. De bajada era criminal para una bici sin suspensión. Había que ir despacio, despacio para no empezar a botar como un condenado, pero con una horquilla buena y un poco de desparpajo puedes bajar rápido, aunque no tanto como para que no me pasara Juantrans que, al llegar al desvío, se para a la izquierda y gira para entrar, cruzándose enmedio. Yo no íba con la velocidad adecuada para girar (suelo pasarme el desvío casi siempre) y no pude frenar a tiempo mientras veía cómo me pasaba por delante, hasta que le dí en la rueda de atrás y salí por los cuermos. No ví ni suelo ni cielo, solamente me dí cuenta del trompazo en la rodilla izquierda (la misma del jueves) y ahí me quedé despotricando hasta que me pude levantar. La verdad es que hoy ya ni lo noto. El ni siquiera se cayó.

Llaneamos por el sendero hasta la carretera de Alfàbia y pillamos el camino que baja hasta el Coll de Sóller, donde encontré la barrera intermedia, la rejilla y hasta la pared en mejores condiciones, y eso suele ser mala señal. Como no podía ser de otra manera disfrutamos de la bajada, que sigue tan mal como siempre, es decir, muy sucia de vegetación y con algunas piedras sueltas; se nota que no tiene ningún uso en la actualidad. De hecho el olivar aparece también muy descuidado.

Al llegar a la barrera pudimos atravesarla sin problemas pero nos topamos con una persona que, desde unas marjades más arriba, nos preguntó que de dónde veníamos, eso sí, sin casi levantar la voz. Yo no entendí mucho más; la barrera principal estaba abierta y nos fuimos sin entrar en polémicas. Al salir me fijé que la rejilla por la que debes saltar si esta barrera está cerrada estaba también reparada y bastante “enramada” en ese punto. Se vé que ya han visto bastante ajetreo de gente algunas veces y han decidido poner coto a tanto desmán, aunque si uno baja por allí saldrá esté como esté la barrera. Quizás habría que buscar una salida alternativa más alejada de las casas y por donde se produjera menos estropicio en los bienes ajenos ya que para saltar debes apoyarte en la rejilla por narices doblándola sin remedio.

Eran la una y media cuando llegamos a los coches y como la mayoría tenía compromisos familiares a la hora de comer nos despedimos rápidamente hasta la próxima, no sin antes felicitarnos por la ruta realizada y por haber dejado la cabra bien plantada en su sitio.

Al menos ellos suelen pasarse el mono en alguna nocturna; yo aún no me lo he planteado, aunque eso de salir con la otra bici en plan rápido quizás me anime a hacerlo, pero sería en solitario, aprovechando el inicio del carril-bici que lo tengo muy cerca.


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